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El
auge y la aceptación de la serigrafía artística en los predios de
la cultura visual cubana está vinculado a la fundación el 20 de
octubre de 1983 del Taller Experimental de Serigrafía "René Portocarrero",
institución que surgió bajo el auspicio del Fondo
Cubano de Bienes Culturales (FCBC).

Una parte del equipo del Taller rodeando al impresor
español Antonio Sánchez (indicado por una flecha). |
En
la creación del Taller hay que destacar la activa participación
del serígrafo español Antonio Sánchez, quién viajó a Cuba para
brindar asesoramiento directo en el montaje del equipamiento
y en el adiestramiento de jóvenes artistas cubanos, a propuesta
de la Dra. Marta Arjona, figura de reconocida experiencia en
la dirección del desarrollo de las Artes Plásticas en Cuba y
Directora de Patrimonio desde aquel entonces hasta el presente.
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Por
su parte, la Dra. Nicia Aguero, Directora del Fondo Cubano de Bienes
Culturales en esos años, jugó un rol fundamental en la materialización
del proyecto y en el prestigio subsiguiente que ganó el Taller,
contando para ello con la presencia de importantes artistas plásticos
cubanos como Aldo Menéndez, Francisco Bernal y Rubén Rodríguez,
y con el apoyo del Ministerio de Cultura de la República de Cuba.
| El
Taller de Serigrafía "René Portocarrero"
reunió en los primeros Encuentros Internacionales de Serígrafos
a invitados y personalidades de las Artes Plásticas de renombre
mundial como el argentino Julio Le Parc, el impresor español
Antonio Sánchez, el también impresor de origen cubano Wilfredo
Arcay (Director del Atelier Parisien de Serigrafía que lleva
su nombre), Pedro Alcántara artista plástico y Director del
Taller Serigráfico de la Corporación Prográfica de Cali (Colombia),
el pintor y grabador norteamericano Rauschemberg y el pintor
ecuatoriano Oswaldo Guayasamín. |
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| Wilfredo
Arcay, uno de los serígrafos más importantes del
mundo, con artistas e impresores del Taller |
Notables
figuras de la pintura nacional del alcance de un René Portocarrero
le cedieron gran crédito al Taller. Portocarreo alentó como
nadie a los jóvenes artistas que asumieron en esos años el papel
de creadores de obras expresamente elaboradas para el medio serígrafo
y aquellos que estuvieron dispuestos a asumir los roles técnicos.
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