Ignacio Cervantes (1847-1905)
Es
uno de los más notables compositores, pianistas y pedagogos
del siglo XIX cubano. Nació en La Habana el 31 de julio de 1847
y falleció en esta misma ciudad el 29 de abril de 1905.
Recibió
los primeros conocimientos de piano de su padre, continuándolos
con otros profesores prestigiosos como Juan Miguel Joval y Nicolás
Ruíz Espadero.
En 1865 ingresa
en el Conservatorio Imperial de París bajo las enseñanzas
de Antoine Francois Marmontel y Charles Alkan, y allí obtiene
un año después el Primer Premio en el Concurso de
Piano, al que sigue el de Armonía que gana en 1867
y1868, logros estos que confirman su virtuosismo y capacidad
musical.
En la capital
francesa ofreció conciertos y acompañó al piano
a cantantes de renombre, entre las cuales sobresalen Cristina Nilsson
y Adelina Patti, logrando la admiración de músicos
connotados como Rossini, Liszt y Gounod.
En 1870 regresa
a La Habana donde inicia una loable función en el medio artístico
y social vinculándose a las luchas de independencia junto
al violinista José White. Esto trajo como consecuencia que
fuera expulsado de Cuba y radicara en los Estados Unidos, donde
prosiguió dicha empresa.
Ya en 1879,
regresa a su suelo natal y retoma la labor artística antes
desplegada como intérprete de compositores románticos
europeos. Asume también la dirección de orquestas
en los teatros habaneros Payret y Tacón y se destaca como
notable pedagogo al formar a discípulos como Eduardo Sánchez
de Fuentes, quien luego se convertiría en un relevante músico.
Cervantes inició
la creación de sus obras desde temprana edad. En su reperto
se encuentran música de cámara, sinfónica,
zarzuelas y una ópera, pero se destacó, sobre todo,
por sus danzas para piano, en las cuales recoge la esencia de lo
cubano.
Estas pequeñas
piezas, escritas para dos y cuatro manos, se caracterizan por utilizar
células rítmicas propias de la música popular
cubana, y por lo general presentan un bitematismo que
permite definir, de manera inmediata, dos partes contrastantes.
El dibujo melódico, a su vez, se acerca a la canción
criolla ya separada del virtuosismo operístico italiano.
Es significativo
señalar el contrapunto musical que se establece entre ambas
manos, pues el bajo armónico que aparece con frecuencia en
el registro grave, se desarrolla como una melodía más
que, enocasiones, suplanta la voz superior.
Selección
de Obras
Adiós a Cuba, Los delirios de Rosita, Los muñecos,
Picotazos y No bailes más, entre otras muchas, son representativas
del repertorio pianístico cubano y su significación
trasciende los valores musicales que encierran cada una de ellas,
pues constituyen muestra de la estilización de elementos
característicos de la identidad nacional.
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