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Fidelio
Ponce de León (1895-1949)
En 1915 se inscribe
en San Alejandro para sólo participar algunas veces en las
clases de dibujo. De temperamento nervioso, deambulaba por diferentes
ciudades de la Isla en busca de sus motivos y sustento. En ese transitar
dejó su huella artística en lugares simples como bodegas u hoteles
de baja categoría en pequeñas ciudades del interior. Trotamundos,
caminante y fantasioso, creaba historias sobre la realización de obras
en estancias irreales en países extranjeros. Fruto de esa propia imaginación
fue su nombre Fidelio Ponce de León pues el
verdadero era Alfredo Fuentes Pons.
Fue un intenso
lector de gran memoria y fantasía genial, capaz de dotar de cuidadosos
detalles sus profusas descripciones. Los rasgos demenciales de su
conducta marcaron su obra pictórica. Creaba retratos, tomando como
referencia fotos viejas. Angustias, soledades, miserias e infortunios
son inspiraciones recurrentes en sus obras donde está plasmada
la frustración de las calamidades que transitó y la incongruencia
entre su quehacer como pintor de anuncios y carteles, apremiado por
la propia subsistencia y su inspirada vocación de artista.
Los especialistas aprecian en su obra dos grandes momentos uno antes
de
1935, paisajes y retratos, donde se aprecian delimitaciones de los
contornos mediante líneas definidas, un buen ejemplo es el óleo Beatas
que es una especie de puente hacia la búsqueda de su estilo más perdurable.
Entre 1935 y 1940 hay un período de transición en que los perfiles
de sus figuras se van suavizando y se tornan más incorpóreas con lo
que va entrando en un estilo más típico y distintivo que lo convierte
en un caso aislado dentro de la primera vanguardia antiacademicista.
Su cuadro Niños es su obra más reproducida y popular. En esta
etapa ya su pintura refleja la propia inestabilidad y la zozobra de
su existencia. Es una pintura de esencia surrealista en la que se
aprecia un gran poder imaginativo donde aparecen extrañas figuras
de estilos alargados y generalmente estáticas con un aire de solemnidad
y distanciamiento. Aún en los años 40 cuando su creación alcanzó mayor
plenitud no era su obra para la holgura económica, por el contrario
en muchas ocasiones pinto por el derecho a albergue o alimento.
Expresión
Aunque marcado por su época histórica, no desarrolló una obra
expresamente crítica del momento social en que vivió pero se
creó un espacio propio donde quedaron reflejadas incongruencias e
insatisfacciones y se proyectó contra la beatería hipócrita de la
religión y contra los convencionalismos sociales.
Técnica
Su pintura está caracterizada por la abundancia de blanco de zinc,
logrando un tipo de pintura que él mismo calificó de pintura nacarada
con el uso de ocres y tierras. Acusado de monótono por algunos debido
a su estilo monocromático en el uso del blanco, que recreo con los
matices del nácar. Durante su magra existencia su obra tuvo un momento
de reconocimiento cuando en 1944, el círculo de Bellas Artes de La
Habana, organizó una exposición en su homenaje.
Contexto
Vivió y creó en un período gobernado políticamente por los
llamados -generales y doctores- etapa en que se produce el ascenso
de la burguesía republicana a los puntos de poder y está de manifiesto
una implícita frustración social tras los intentos de avances de los
sectores más preclaros de la sociedad cubana, que a lo largo
del medio siglo de vida republicana no prestó mucha atención a los
pintores y escultores. Algunos artistas, representantes de la falange
academicista, gozaban de un débil mecenazgo oficial mientras que la
vanguardia había presentado credenciales desde los años veinte luchando
contra grandes dificultades y sólo comprendidos por inteligentes
y sensibles intelectuales que aceptaban la renovación en las artes
plásticas.
Enfermo de tuberculosis estuvo en el sanatorio La Esperanza de donde
sale en 1947 para morir al poco tiempo.
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