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La Trova Cubana. III Parte. La Nueva Trova.


El movimiento de la Nueva Trova toma forma cuando la Casa de las Américas organiza en 1967 el Primer Encuentro de la Canción Protesta al que asisten Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Sara González, quienes ya tenían composiciones que eran himnos para la juventud. Los integrantes de la Nueva Trova reconocen una influencia variada de The Beatles, Bob Dylan y Joan Baez; Daniel Viglietti y Violeta Parra - con la inclusión de ritmos e instrumentos sudamericanos - y de Joan Manuel Serrat. Las canciones se basan en su contenido, por lo general muy trabajados poéticamente, que va de temas eminentemente políticos hasta el amor.

Con orígenes en el ambiente del feeling, en la nueva trova se destaca por vez primera la joven figura de Pablo Milanés, de cuya obra "Mis veintidós" muchos entendidos afirman que porta ya atisbos esenciales de la posterior producción del autor dentro del llamado Movimiento de la Nueva Trova, reconocida en los años setenta, no sin pujantes escaramuzas previas por la subsistencia desde la década anterior. Dotado de una bella y bien conducida voz, Pablo reverdece en sus obras la potencialidad lírica de la cancionística cubana.

Sus creaciones se suceden con referencias frecuentes a la tradición, aportando a la música alternativas morfosintácticas y entonacionales que impactaron a muchos seguidores en la composición de otras obras. Sus canciones adquieren además un atractivo especial para los intérpretes foráneos. La guitarrística de Pablo es plenamente expresiva y dúctil a los traspasos estilísticos, pero las nuevas formulaciones contenidas en muchas de sus piezas, más la unión del creador a músicos instrumentistas y arreglistas en otros géneros logran combinatorias que transforman radicalmente la funcionalidad y el discurso de las agrupaciones musicales que con él se integran, de tal modo que sus partituras adjudican al grupo funciones concertantes muy elaboradas.


Paralelamente Silvio Rodríguez irrumpe directamente en la nueva estilística trovadoresca. Su poética sacude pacatas visiones que mantenían cierto sector de la cancionística cubana en una especie de limbo autocontemplativo. Desnuda las letras de rosados vuelos y edulcoradas intenciones, tenidos hasta entonces como propios del discurso prosístico; sustituye tímidos símiles por agudas metáforas, imprime con la parábola un nuevo giro a la mística de los acontecimientos.

Las innovaciones musicales de Silvio están en estrecha relación con sus afanes literarios, su guitarrística adquiere una amplitud que por momentos rebasa las naturales referencias del instrumento para sugerir ambientes de otros medios sonoros, o se vuelve simple como el texto mismo cuando la idea lo requiere; recompone las alternativas de lo cantable y lo acordístico, dimensiona los ornamentos hasta otorgarles cualidad temática; incorpora su propia cosmovisión del canto y asume la ruptura de ciertas convenciones rítmicas. La melodía desborda los causes habituales de la interválica en este tipo de canciones, de modo que la voz se mueve por ámbitos tan inesperados como complejos, diseñando tejidos de singular belleza.

La Nueva Trova cuenta con numerosos e interesantes cultores. En ella distinguen también las creaciones de Noel Nicola, Eduardo Ramos, Sara González, Vicente Feliú, Lázaro García, Amaury Pérez, entre otros, quienes prodigan variantes clásicas de recursos novedosos en concepción e interpretación. Una multifacética pléyade de cantautores de más reciente generación multiplica afanes creadores y desanda caminos por trillar. Algunos de sus nombres comienzan a revelar el destello de la fama.

El impacto de la Nueva Trova provoca resonancias en el entorno hispánico y latino americano. La también llamada nueva canción, sea chilena, brasileña, uruguaya o argentina, recibió y devuelve "ecos" de aquella, en sus particulares modos creadores. Para la cancionística popular española significó un nuevo aliento que nutre buena parte de su producción en los últimos veinte años. En Cuba se prodiga mediante piezas de talentosos cantautores jóvenes, algunos ya clásicos del porvenir, en géneros directamente relacionados con esta estética, y en otros tan aparentemente distantes como el rock.

De la trova cubana han sido tributarios músicos no trovadores en sus esencias, de disímiles generaciones, tan distintos estilísticamente como Benny Moré, Bola de Nieve, Frank Fernández, Juan Formell y Leo Brouwer.

Mediante las recreaciones iniciatorias de Electo Silva, la trova penetró profundamente el ámbito del arte coral introduciendo en éste raigales figuraciones y una metafórica musical y poética que orientan mucha de la mejor música para coros en la segunda mitad del siglo XX

Cortesía del musicólogo Jesús Gómez Cairo.




 

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