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Según
el musicólogo Danilo Orozco, "El tres resume y simboliza
singulares concepciones afro-hispano-europeas a través de
significativos procesos de interacción cultural".
Se considera, sin lugar a dudas, el cordófono nacional, pues
aunque sus antecedentes están asociados a una fuerte tradición
hispánica, su historia y repertorio son eminentemente cubanos.
Diversos estudiosos del son suscriben la hipótesis del surgimiento del tres en la región
oriental del país, como parte de la génesis sonera.
Se caracteriza por poseer cuerdas agrupadas en tres órdenes
dobles, de donde toma su nombre, también eminentemente cubano.
Se ejecuta con plectro o con púa y en ocasiones con los dedos.
El punteado tiene particularidades rítmicas que no solo evidencian
la herencia hispánica, sino una forma de ejecución
propia con un trasfondo percutido africano, que condiciona maneras
de tocar.
Asociado al son como su género por excelencia, su función
en estas agrupaciones abarca lo melódico, armónico
y rítmico. Marca el comienzo de la pieza y tiene la doble
cualidad de ser un instrumento solista y/o acompañante. Sus
patrones tienen un carácter peculiar, y añade el desempeño
improvisatorio en momentos específicos.
Nombres como el de Arsenio
Rodríguez, el famoso Guataquita, Cotó, Pancho
Amat y Chito Latamblet en el changüí,
engrosan la lista de prestigiosos intérpretes que han sentado
pauta en este instrumento, retomada incluso en el contexto de la
academia. El tres es, sin lugar a dudas, símbolo de nuestra
cubanía.
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