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La
emigración que recibió Cuba cuando en el año
1871 contingentes de franceses llegaron a la isla, y muy especialmente
a la región oriental, incidió tanto en el enriquecimiento
cultural como en el desarrollo de los que de una forma u otra se
dedicaban a las artes.
Indudablemente,
ya la influencia de la música española había
injertado a nuestros aires musicales el sabor de polos, tiranas,
boleros, y más adelante se produce el influjo ejercido por
la Revolución Francesa en América Latina, que viene
a conformar el estilo de la canción revolucionaria.
Los
creadores cubanos, permeados por todas estas corrientes artísticas,
crean un estilo propio, sobre todo los nativos de Santiago de Cuba,
donde surge como precursor José ´Pepe` Sánchez.
A partir de éste, el género de la canción trovadoresca
tradicional cubana se enriquece con la aparición de notables
sucesores, entre los que descuella Antonio Gumersindo Garay García.
Sindo
Garay nació el 12 de abril de 1867 en Santiago de Cuba. Desconocedor
de las más elementales nociones técnicas formales
de la música creó, sin embargo, obras musicales consideradas
perfectas. El bolero oriental tuvo en Sindo su mejor
exponente, ya que le impuso su estilo peculiar con el rayado de
las cuerdas de la guitarra para cerrar las frases musicales y la
base rítmica con el llamado cinquillo cubano.
Como
casi todos los cultores de la trova, Sindo trabajó también
la canción y lo hizo con libertad rítmica, aunque
tiene en su haber alguna que otra criolla, guaracha, algún
bambuco influenciado por el quehacer colombiano, y cuando hablaba
de su estilo peculiar, me refería justamente a su manera
original de manejar esas formas.
Una
abrumadora mayoría de las canciones y boleros de Sindo no
puede siquiera imaginarse al margen de la segunda voz de la melodía,
o el ´segundo` como lo llamaba él. Decía que
las terceras ´caían solas`, buscaba siempre soluciones
a partir del intervalo de sexta. Si tenemos en cuenta la libertad
conque manejaba los bajos fundamentales en la guitarra, no es extraño
que se produjeran modulaciones armónicas de las más
contemporáneas. Sin dudas, como decía Stravinsky,
cuando un creador es a la vez intérprete eficaz, se halla
en buenas condiciones para facturar su obra como la concibió.
Tal fue el caso del nuestro trovador. El manejo que Sindo hacía
de los matices y la dinámica de sus propias creaciones es
otro de sus rasgos peculiares.
También
se reconocen influencias de la ópera en su música.
Por las fechas de referencia, a finales del siglo XIX, no puede
tratarse de otra ópera que la italiana, traída a Cuba
por la emigración francesa, o por las compañías
que pasaron por el actual Teatro Oriente, en Santiago de Cuba, suando
Sindo era un adolescente. Por otra parte, de un modo u otro, algo
bebió en la fuente del lied: en canciones como Germania o
Guarina se respira cierto aliento de las canciones cultas de los
románticos y post-románticos europeos.
Sindo
Garay fue un genio popular, y lo más increíble es
que toda la música cubana que rezuma su obra la aprendió
en la vida, la elaboró en su cabeza, su garganta y sus manos
sobre la guitarra. Para él un papel pautado con notas musicales
no tuvo más significado que el de un misterioso jeroglífico
indescifrable. Sólo a partir de su desmesurada sensibilidad
y capacidad para sintetizar y reelaborar hechos sonoros, pudo, desde
su desconocimiento de la técnica musical formal, hacer las
obras que hizo. Sindo Garay legó a Cuba y al mundo una obra
capital para la cancionística que hasta hoy vive en el repertorio
de muchos intérpretes y de donde han bebido los trovadores
cubanos que le sucedieron por espacio de varias generaciones. Dotado
de verdadera inspiración le cantó con igual amor al
paisaje cubano, la mujer criolla, a los hechos de gran trascendencia
en nuestra historia... nada quedó en su vida cotidiana que
no tradujera en música, vida excepcionalmente larga e intensa,
riquísima en anécdotas, engendradora de mitos, que
dejó de existir el 17 de julio de 1968.
El
juglar, que le estuvo cantando a su patria durante 89 años,
tiene todos los 17 de julio una congregación de trovadores
y amigos ante el sobrio panteón en la necrópolis de
Bayamo. Allí dejamos sobre la losa nuevas flores, y en el
aire, las notas de la canción que inmortalizara a esa ciudad,
a su tierra, a su gente, a su obra.
Por la Licenciada
Marta Bonet.
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