La Bijirita. Artes Visuales
www.SoyCubano.com ¿Quiénes somos?
Cambiar idioma ¿Quiénes somos?

Artes Visuales
Artes Visuales
Literatura
Cine


 
 
Mambo en la Habana

Por Ana V. Casanova Oliva
*

Internacionalmente conocido, el mambo, constituye uno de los géneros músico-danzarios que más furor ha logrado entre los bailadores de varios continentes pero muy pocos conocen su verdadera historia.

Al igual que otros géneros de la música bailable que han acaparado la atención mundial, es original de Cuba, y particularmente de La Habana, su capital, donde a lo largo de tantos años han evolucionado y cristalizado formas particulares de hacer música y bailar que han captado la atención de los más diversos sectores poblacionales, tanto nacionales como extranjeros.

El mambo es uno de los resultados de un proceso evolutivo que comienza en las primeras décadas del siglo XX, en el danzón, cuyos antecedentes se remontan al inicio de toda una cadena de eslabones que se formó a partir de la presencia en Cuba, a finales del siglo XVII, de la contradanza francesa, la que, ya en los novecientos, trae como consecuencia la aparición de una contradanza cubana. En esta forma criolla ocurren cambios que determinan el surgimiento de una nueva modalidad denominada danza, especie que se convierte en danzón, ya en las postrimerías del siglo XIX, por iniciativa del músico matancero Miguel Faílde.

El mambo tuvo su aparición como ritmo nuevo en la última sección de la obra titulada precisamente Mambo, un danzón compuesto por Orestes López en 1937 y estrenado un año después por la orquesta Arcaño y sus Maravillas. Este ritmo de carácter sincopado era similar al utilizado por los tocadores de tres que en Cuba interpretaban el son montuno, género de la música folclórica que ya por los años veinte había conquistado la capital. Asimismo, por esa época el tresero y compositor Arsenio Rodríguez experimentaba con un ritmo que denominó diablo.

Ya en los primeros años de la década del cuarenta, a través de la labor de músicos como Israel (Cachao) López, Orestes López, Andrés Echevarría (Niño Rivera), Bebo Valdés y René Hernández -en sus arreglos musicales para la orquesta de Julio Cueva -, esta última parte de concepción sincopada, a la que se llamaba mambo, se independiza de la forma danzón, y comienza un desarrollo propio; se realizan entonces experimentaciones en el ritmo, la melodía, la armonía (en el uso de acordes disonantes) y la instrumentación, con cambios en las funciones musicales que tradicionalmente realizaban algunos instrumentos y la explotación de este género dentro de la orquesta jazz band, con nuevas ideas y formas de hacer, sobre todo en el tratamiento de las trompetas, trombones y saxofones -en muchos casos de influencia jazzística-, y los instrumentos de percusión cubana, como la tumbadora y las pailas, entre otros.

Como resultado de todo este quehacer musical, ya en 1949 el mambo causaba excitación entre los bailadores cubanos y gozaba de gran aceptación popular. Toda esta serie de experimentaciones y cambios en el desarrollo del género tuvo su clímax en la novedosa concepción musical que empleó Dámaso Pérez Prado en su orquesta, quien fue el primero en darlo a conocer mundialmente con las composiciones Mambo No 5 y Que rico el mambo, grabadas para la firma discográfica RCA Victor, en México, país donde residía desde 1949. Por lo famosas que fueron estas y otras obras de su creación se le conoció durante dos décadas como el Rey del Mambo.

El mambo no estuvo ajeno a la dinámica propia del desarrollo de la música en Cuba, y es así como a partir de su concreción como género, continúa un proceso de asimilación, retroalimentación e intercambio con otras especies dela música cubana. Ejemplos de ello son: Mambo rumbón, de Gilberto Valdés, y Pent house mambo, de Bebo Valdés, donde utilizan los ritmos característicos de la rumba y de la música afrocubana de antecedente yoruba; La prieta linda, de Memo Salamanca, con una marcada presencia del chachachá, creado por Enrique Jorrín en 1951, y a su vez, derivado del danzón y el mambo; y Encantado de la vida, con influencia del bolero.

Tal fue el auge del mambo, que también se realizaron arreglos "mambeados" , al decir de los músicos populares, a composiciones de reconocida fama. Entre ellos, El manicero, de Moisés Simons, y La malagueña, de Ernesto Lecuona, constituyen algunos de los ejemplos musicales más logrados de estos años.

*Especialista de la EGREM.

Ver discografía en www.discuba.com


 

CDs y DVDs de Música - Videos - Serigrafías y Carteles de Cine - Libros y Revistas, Artesanía, Suscripción a publicaciones seriadas.
Música - Artes Visuales - Literatura - Cine
Cubadisco - Premios Lucas - Feria Internacional del Libro- Otros...
Musica - Artes Visuales - Literatura - Cine