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Ignacio Cervantes, Símbolo de Cubanía
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El Día de la Cultura Cubana debe su celebración a la primera vez en que fuera cantado el Himno de Bayamo -devenido Himno Nacional-: hecho que liga esta conmemoración al patriotismo expresado a través de tan sublime forma del arte, como es la música.
Aquel acontecimiento fijó su fecha en la historia cubana, el 20 de octubre de 1868, diez años después de iniciar la contienda libertaria que se conoce en la historia cubana como la Guerra de los Diez Años.
Entonces, el ya reconocido compositor y pianista Ignacio Cervantes tenía 21 años de edad.
Cuentan que el joven músico fue expulsado de la Isla por ofrecer conciertos a beneficio de los insurgentes, en 1876.
Mucho tiempo después Salomón Gadles Mikowky escribiría en su tesis de doctorado en música de la Universidad de Columbia: La respuesta de Cervantes pudiera parecer romántica para los oídos de sus contemporáneos, al manifestar sus intenciones de viajar a los Estados Unidos, donde seguiré favoreciendo a la Revolución con el importe de los conciertos.
Lo Cubano en Cervantes
Cervantes no es clásico en el sentido de pertenecer a esa corriente de la historia de la música sino que su obra representa un modelo en el modo de hacer de lo tradicional forma artística.
Él pertenece a esa línea de autores musicales cubanos que hicieron, de lo popular, materia para el arte e identidad cubana.
Entre sus contemporáneos, se situaría al final de la evolución musical de tipo nacionalista que cierra su ciclo en el siglo XIX, ofreciendo la misma solución que –para la centuria siguiente- habría de hallar Alejandro García Caturla, en una segunda etapa folclórica.
Cuando aparece Cervantes, la contradanza llegaba al límite de sus posibilidades. Él, entretanto, no se ata al documento folclórico, sino que se apropia de la danza y trabaja con ideas propias.
Luego, su cubanía es mucho más sutil. No por gusto, Alejo Carpentier afirmaría que el nacionalismo debe considerarse una expresión personal, una especie de sensibilidad personal, por así decirlo.
Mucho tiempo después, el musicólogo Orlando Martínez, escribió que en Cervantes, lo nacional nunca es una sugerencia ni un tanteo, sino logro y realidad firme.
Tan prolífico compositor del siglo XIX, señaló el camino para superar la primera etapa de referencia directa, casi documental del tema folclórico, y expresar la misma realidad desde una visión depurada y propia, para representar la espiritualidad cubana.
Sus obras, aunque alejadas en el tiempo, todavía logran deleitar con vigencia, el sello nacional que las distinguen. Se le estudia en las escuelas y conservatorios de música, los consagrados vuelven sobre sus partituras una y otra vez, sus libros son reeditados, mientras que su Adiós a Cuba perdura entre toda la música del filme Fresa y Chocolate (1993), de Tomás Gutiérrez Alea, donde el tema de la relación entre nacionalismo y emigración es uno de los ejes centrales. De tal forma, cien años después de su muerte, Cervantes sigue siendo, dentro del amplio espectro cultural cubano, un símbolo de Cuba.
Por Ariel Pérez Lazo. Tomado del sitio CMBF Radio Musical Nacional
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