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Moncada continúa hoy
en la preferencia de los cubanos
Adios a las teclas
Jorge Gómez, afable, reflexivo,
locuaz... narra una história poco conocida por el público
cubano
El embrión
Surge Moncada
La
escalinata
A
30 años de fundado, y con una historia fuera de lo común,
su música es un permanente asombro.
La sentencia de su abuela Virginia marcó a este hombre para
siempre: "Mira, mijo, cuando uno muere como desea, y
son pocas las personas que logran hacerlo en este mundo, se le recuerda
con alegría, no con tristeza."
Moncada continúa
hoy en la preferencia de los cubanos
Jorge Gómez Barranco (08-01-1943), director de la agrupación
musical Moncada desde su creación hace ya tres décadas,
es un comunicador por excelencia. Su desenfado, amabilidad y agudo
pensamiento, provocan en los interlocutores ese raro deseo de seguir
conversando.
Así me ocurrió una mañana donde la canícula
se hacía insoportable. Una obra sostenida, enriquecida y
adecuada a los tiempos, sin renunciar a la génesis, bien
valía el reto. Bohemia
mensual lo aceptó.
"Siempre tuve afición por la música", confiesa.
"No puedo negar la valiosa influencia de mi tío, un
joven de apenas 23 años, bien parecido, enamorado, locuaz,
escritor... se convirtió en paradigma: por la influencia
de su personalidad y el apego a los principios. Raúl Gómez
García, el poeta revolucionario que cayera combatiendo durante
el asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, durante las luchas
del pueblo cubano contra la tiranía de Batista, sigue entre
nosotros con la franca sonrisa, sus encendidos versos y el arrojo
patrio que, al menos yo por entonces, no calculaba."
El piano, la dulce e inquieta abuela, la impronta de Raúl...
y los seis pesos que una tía pagaba a Zelaida, la profesora
de música, hicieron que Jorge comenzara a desandar por la
ruta del pentagrama: Chopin, Litz, Beethoven. Sin embargo, el barrio,
los de abajo, y la escuelita pública 87, lo ataban. Un día
cualquiera, Alejandro Torrens (con el paso de los años padre
del cantautor cubano David), cofrade de aula, lo conmina: "¡Toca
algo ahí"! y él cogió un tumbao popular;
el amigo, con unos pedazos de palo de escoba, hizo las claves. Nació
la idea de crear un conjuntico.
El tiempo los llevó, como por arte de magia, a la televisión:
las Pandillas Cabeza de Perro, programa "filántropo"
para niños pobres acogió a Jorge y sus amigos: Ritmo
del mar, sugestivo nombre para aquel remedo musical cuya base era
el piano y se le sumaba todo lo percutivo que fuera capaz de hacer
¿música?

Adiós a las teclas
Poco más de doce meses duró la incursión al
mundo de las fusas y semifusas.
La muerte de Raúl Gómez García en el asalto
al cuartel Moncada hizo que la situación en casa de la abuela
Virginia se tornara muy difícil: constantemente la policía
asediaba el inmueble, efectuaba registros... Hubo que cambiar de
domicilio y, con el disloque, el piano se vendió al mejor
postor. "Fue un golpe tan duro para mí y la familia,
que nunca más quise saber de música. Resultó
traumático, pues, aunque parezca poco creíble, tampoco
aparecían los seis pesos para pagarle a la maestra. Ella
se ofreció para continuar con las clases de manera voluntaria,
pero mi padre, también profesor aunque de la enseñanza
general, se negó."

Jorge Gómez, afable,
reflexivo, locuaz... narra una historia poco conocida por el público
cubano.
El
tiempo transcurrió y, a punto de graduarse en el preuniversitario,
"pensé estudiar medicina y pronto me di cuenta que no
tenía aptitud; mi mamá se inclinaba por la abogacía...
A fin de cuenta, ya egresado, me sorprende la Revolución,
a la que me sumo de inmediato".
Varias responsabilidades le son confiadas en las organizaciones
juveniles donde milita. Una de ellas, aprender economía,
a pesar de su afición por las letras. Corría 1961.
"Era la prioridad entonces". Estudió en la carrera
de Planificación, y llegó a laborar en su Junta Central,
que dirigiera el Che. Tiempo más tarde, ante otra necesidad
del país, se prepara como profesor emergente en Filosofía.
"A pesar de lo torcido del camino, sin proponérmelo,
guiaba mi derrotero hacia la música."
A los 23 años ya impartía clases de filosofía
en la Escuela de Economía, su punto de partida.

El embrión.
En mi papel de profesor, en el departamento donde laboraba, conozco
a Alberto Faya, quien a la sazón se preparaba para la docencia.
Y yo, que algo me recordaba de las clases de piano y de solfeo,
pues le hacía la segunda con la voz y unas desvencijadas
claves: canciones de la trova tradicional, de la música latinoamericana,
Silvio y Pablo, quienes ya se empezaban a escuchar... Así,
en cada fiestecita, íbamos a poner nuestro granito de melodía.
El boom sobrevino inesperadamente: Un día cualquiera le
encomiendan a Jorge Gómez ir a laborar a la televisión
universitaria para realizar un programa con aficionados del medio
estudiantil. Allí conoce a Manolo Calviño (hoy en
el Programa Vale la pena, Televisión Cubana), Pedro el gordo,
Tomás... "Resultó la tarea del indio. Yo, que
me especializaba en estética, a todo tenía que encontrarle
un por qué, como los niños pequeños; un sentido
profundo, y la misión era lo opuesto: hacer un programa de
entretenimiento y, por demás, con espontáneos, cuyo
patrón lógico era imitar a los profesionales de la
época: Beatriz Márquez, José Feliciano o Juan
y Junior; un grupo musical tocaba Pastilla de Menta. Se trataba
de un momento terrible en nuestra radiodifusión, sobre todo,
en el plano estético. Imagínense unas conductoras
que se lanzaban cake a la cara por TV y en vivo... El summun del
mal gusto".
A instancia de Jorge se convoca a todos los aficionados para elaborar
una programación de qué se haría en cada semana,
cuál la selección musical, y los temas... poco a poco
cobró cuerpo aquel espacio televisivo que llegó a
tener pegada en la teleaudiencia.
"Yo decía, el domingo próximo abordaremos el
tema de lo afrocubano. Seleccionaba los temas y distribuía
las misiones: El grupo tal, interpretara estos; los solistas fulano
o mengano, aquellos otros... y la fórmula gustaba, pues los
aficionados se hacían de un repertorio. Sin proponérmelo,
cambiaba el sentido a aquel movimiento de artistas espontáneos
y me fui inventando un programa. Como en todo grupo humano, había
siempre personas muy dúctiles: Manolo Calviño, acudía
a todos los programas; Tomás, tocaba en el piano lo que le
pidieras. Así nace un grupo de personas asiduas al espacio,
tanto, que en la Universidad, jocosamente, decían que en
vez de llamarse Siempre en domingo, se nombraba, Siempre los mismos.
Primero, no existían muchos "voluntarios"; segundo,
cada cual tenía sus obligaciones laborales o docentes; tercero,
escaseaban quienes tuvieran la dedicación de participar en
un programa que los obligaba temáticamente."
De un extremo a otro de la Isla, Moncada estará siempre,
mientras haya cosas hermosas que decir.
El quinto aniversario de la caída del Che en combate, sorprende
a Jorge Gómez con la encomienda de dirigir una velada en
la Plaza Cadenas de la Universidad de La Habana. Grupos de teatro,
danza y los músicos que habitualmente acudían al programa
televisivo, formaron el cuerpo de aquella presentación: unas
150 personas. Aquello resultó la célula de grupo Moncada.
"Por entonces -rememora- nos llamábamos Grupo Instrumental
Universitario. La actuación resultó decorosa, tanto,
que el rector a la sazón, José Miyar Barruecos, Chomy,
me dijo:
"-¿Y ese grupo?
"-Uno que inventamos para la velada- dije.
"-Deben integrarse nuevamente. Visitará el país
una delegación de catedráticos de la Unión
Soviética y otras naciones, y queremos que aprecien nuestro
arte.
"Aquello fue la locura. Disponíamos de poco tiempo
y debíamos ampliar el repertorio; buscar otros instrumentos.
La presentación fue un éxito y el rector sentenció:
"-¡Esto no se puede romper!
"Te hablo a finales del año 1972."

Surge Moncada.
A
los pocos días Alberto Faya sugiere concebir un espectáculo
por el aniversario 20 del asalto al cuartel Moncada. "Es algo
que te toca de cerca, por tu tío", le comenta a Jorge.
"¡Eso sí, vamos a hacer nuestras propias canciones!".
Surgió la idea de una cantata. Un relato de Raúl
Castro sobre los sucesos del Moncada sirvió de inspiración.
Se concibió la estructura: una pieza dedicada a Santiago
de Cuba, otras a la granjita Siboney, el asalto, los muertos...
"Rememoré entonces aquella actitud de abuela Virginia
cuando la caída en combate de mi tío; y también
el hecho de que la fecha del 26 de julio se espera con festejos,
como el día más feliz de la patria... Lo primero que
surcó mi mente fue el estribillo: "¡El 26 es el
día más alegre de la historia!"... Se hizo la
Canción del Moncada, la cual estrenamos en la sala Talía,
de la Universidad."
"Al poco tiempo Melba Hernández presidenta a la sazón
del Comité de Solidaridad con Viet Nam, nos invita a actuar
en la inauguración de un poblado, a unos 40 kilómetros
al este de la capital, que lleva por nombre el de aquella aldea
vietnamita arrasada por la aviación de Estados Unidos: Ben
Tre.
"-¿Cómo se llama el grupo?- preguntó.
"-Pensamos ponerle Credenciales -comenté-. Habíamos
pensado en Moncada, pero no quisiéramos parecer irreverentes...
"Melba subió al podio y habló a los pobladores
del lugar. Al finalizar, les dijo: Ahora actuará para
ustedes el Grupo Moncada, de la Universidad de La Habana.
Se oficializó el nombre.

La escalinata.
Los cubanos menos jóvenes recordamos la escalinata y los
conciertos de Moncada.
Juanito Gómez Barranco (10-01-47), hermano de Jorge y fundador
de la agrupación, rememora aquella plaza como un paradigma.
"Resultó una fórmula increíble, porque
no siempre los instrumentos servían, o había problemas
con las luces o la tarima era virtual... pero resultaba un fenómeno
de masas de tremenda profundidad. Hubo personas que llegaban a las
cinco de la tarde para coger los primeros puestos. Cualquier cosa
que sucediera era bella. Apostaría porque hoy existieran
diez escalinatas. La necesidad, está latente: en particular,
entre los jóvenes."
En el año 1982, el Ministerio de Cultura abogó porque
Moncada se profesionalizara. Diversos compromisos en el exterior
y otros más nacionales, sugerían la decisión.
Todos los integrantes se habían graduado, unos pocos abandonaron
la agrupación, pero el núcleo central se conservaba.
Además, luego del triunfo en el entonces Festival de la Canción
Política (Rote Lieder) en Berlín, 1979, habían
logrado un status internacional.
"Por esa fecha, rememora Jorge, fuimos el primer grupo después
del triunfo de la Revolución que hizo una gira por Estados
Unidos, de costa a costa, por casi dos meses, incluso, grabamos
un disco en vivo en la Escuela de Música de Berklee, la más
famosa del mundo. Aquello nos obligó a dedicarnos con mayor
profundidad a la música. Otro tanto aconteció en México
y en Italia, donde hicimos un concierto con Phil Manzanera."
Aquello exigía de más ensayos, rigor. Empiezan a
codearse con figuras de la talla mundial de Elton Johns, Kool and
the gang, Enya, ... muchos más. Un grupo es una entidad viva,
posee desarrollo y derroteros; debe tomar del medio e intercambiar
con él.
"Yo nunca pretenderé ser experimentador per se",
confiesa Jorge Gómez. Sí me interesa inventar
para lograr cosas que sean útiles; y la música debe
servir como medio de expresión y comunicación, en
primerísimo lugar, con nuestros compatriotas. No importa
la edad, pues se trata de una agrupación, es un espectáculo.
Eso lo descubrimos en San Remo, Italia. Se debe lograr que el lenguaje
y los mensajes trasciendan, de un modo agradable, y hasta divertido,
sin ser chabacano."
Moncada aparece poco por televisión. Hoy disponen de un
espacio los fines de semana en la fortaleza de San Carlos de la
Cabaña. Estar en la pequeña pantalla representa llegar
a más personas. Sin embargo, el director del grupo "quisiera
estar en la TV cuantas veces el público lo necesite".
"Hemos cambiado poco en los integrantes de Moncada y en la
forma de hacer música, aunque nos adecuados a los tiempos.
Mientras haya cosas hermosas que decir -y eso creo nunca dejará
de constituir una aspiración y un deseo para el alma humana-
los ocho que subimos a escena, las expresaremos. Siempre nos alberga
la alegría de constituir un sano asombro para quienes nos
escuchan, bailan con nuestra música o, sencillamente, nos
aplauden."
Cortesía de la Revista Bohemia
.
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