Definido
por su personal estilo como uno de los más destacados cantores
folclóricos cubanos, Gregorio Hernández Ríos
(Goyo) es un caso singular, pues a esta condición une la de
excelente percusionista, bailarín y compositor.
La reconocida influencia que ha ejercido como profesor sobre numerosos
músicos locales y extranjeros -el pianista Alfredo Rodríguez
elogió altamente su participación en su DC Cuba Linda
(Sello Rykodisc, 1996)-, le ha valido que el XV Festival Internacional
de Percusión (PERCUBA) le ofreciera un homenaje.
Habiendo pasado por disímiles etapas desde que muy niño
se inició en el mundo de la rumba
en el humilde barrio El Moro, en Arroyo Naranjo (lo inscribieron como
nacido en ese lugar de Ciudad de La Habana, el 17 de noviembre de
1936, aunque realmente nació en Pinar del Río), Gregorio
es reconocido como uno de los más auténticos exponentes
de la cultura musical abakuá,
y un intérprete de lujo para la transmisión de los valores
del yambú
y del guaguancó.
Fundador y profesor durante 25 años del Conjunto Folclórico
Nacional, reconocido como profesor Titular del Instituto Superior
de Arte, creador del Conjunto Folclórico Universitario (1985),
organizador y profesor del proyecto Timba de Roma de cantos folclóricos
y bailes populares cubanos en las Universidades de Bolonia (Italia),
Rochester (Estados Unidos), Victoria y Toronto (Canadá).
Si se le pregunta de quién se siente deudor, reconoce: "En
mi larga trayectoria rumbera, no te das cuenta de quién aprendes;
pero entre los primeros figuraron Los
Muñequitos de Matanzas, en las personas de Juan Bosco,
Saldiguera y Virulilla. Así surgí como cantante; de
Carlos Egüí Aguila, quien me enseñó a hacer
voz tercera. Después, empecé a imitar a Chavalonga.
Luego fui a una fiesta donde estaba Miguel Mesa (Aspirina) que definitivamente
es quien más me ha influido, sin dejar de mencionar a Eulogio
Abreus (Amariano)".
"Pero a Tío Tom, esa leyenda de la rumba
cubana a la que algún día habrá que hacerle un
monumento, le debo el mayor estímulo. Cuando hacía dúo
con Juan de Dios, fuimos al bautizo de la farola de Los Marqueses
de Atarés y con su prestigio reclamó: `Dejen llorar
(cantar) a esos muchachos."
En la tradición cubana, a un buen cantor lo definen muchas
cosas. En el caso de Goyo, ¿cuáles son estos valores?
"Puedes tener mucho repertorio, pero no es el valor fundamental,
sino el dominio del estilo. No fui un percusionista de renombre. Es
por el canto que empiezan a elogiarme, al igual que como bailarín,
aunque sigo enseñando percusión".
En cuanto al homenaje en el PERCUBA 2004, lo valora como un reconocimiento:
"Fui el primero que enseñé a bailar abakuá,
pues desde que me inicié en la rumba sentí interés
por los ritos de esa sociedad secreta exclusiva para hombres. Incluso,
aún se recuerda mi obra Baroko, que estrené con el Conjunto
Folclórico Nacional, dirigida por Roberto Blanco, la cual no
dejó de traerme problemas por cierta incomprensión ante
el tema que trataba; pero que tuvo un gran éxito".

Con una valiosa discografía desde que en el 2000 grabara La
rumba es cubana (Sello
Unicornio), y en la que se destaca la obtención de tres
premios Grammy por su participación en Buenos Hermanos, de
Ibrahim Ferrer, y Mambo Sinuendo, de Manuel Galván, Goyo sigue
hacia delante: entre los proyectos inmediatos se cuentan una multimedia
sobre La Rumba y un disco homenaje al Tío Tom.
Tomado de trabajo de Omar
Vázquez publicado en el Periódico Granma. Abril/2004
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