A
finales del siglo XIX ya existían formatos musicales latinoamericanos
que empleaban la flauta, como principal instrumento solista. Tal
es el caso de la charanga cubana, cuya instrumentación característica
surgió alrededor de 1895, como reflejo del formato clásico
europeo de la música de cámara, que nos llegó
como influencia directa de la contradanza francesa después
de la revolución de Saint-Domingue (Haití) en las
Indias Orientales en agosto de 1791, por la emigración de
los colones franceses tras los ataques de Toussaint L'Ouverture
y sus guerreros.
Las charangas se dedicaron mayormente a interpretar danzones utilizando
la flauta de madera de cinco llaves, también conocida como
flauta transversa. Esta flauta es de origen barroco, se fabricaba
en Francia y se exportaba principalmente a Cuba: el único
país donde no ha adquirido un carácter obsoleto al
inventarse la nueva flauta de sistema o metálica.
La flauta de madera se caracteriza por producir notas agudas semejantes
a las de un píccolo, lo que le permite proyectarse con brillantez
absoluta sobre las texturas percutivas de las charangas, incluso
de aquellas que siguen empleando el clarinete y adoptando elementos
de las orquestas típicas.
El sonido de la flauta cubana, llegó al jazz norteamericano
en 1928, cuando el manzanillero Alberto Socarrás, utilizando
una flauta de sistema grabó en Nueva York el primer solo
de flauta en los anales jazzísticos.
En el disco "Grandes
Flautistas Cubanos", producido por la EGREM
en el 2002, para la Colección Música Mágica,
se presenta un resumen histórico que comprende las antológicas
charangas de Antonio Maria Romeo, Fajardo, La
Aragón, Pancho El Bravo, Sublime,
Enrique Jorrín, Estrellas
Cubanas, La Charanga Nacional de Conciertos, La Ideal de Joseito
Valdés, NG Todos Estrellas, Alberto Corrales con el Quinteto
de Emiliano
Salvador, Javier Zalba con Temperamento, Rafael Carrasco con
el Grupo Proyecto de Gonzalito
Rubalcaba y Orlando
Valle "Maraca".
Esta combinación generacional permite el disfrute de una
variedad estilística de los prominentes solistas. Una ceremonia
nueva para perpetuar los sonidos vigentes. La oportunidad auditiva
de verificar la existencia de un mito: Las flautas y los flautistas
de Cuba.
Cortesía de Toni Basanta.
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