|
Aunque
muchos aún disfrutaban el tema "Sentimientos ajenos",
de David Torrens, incluido en su primera producción discográfica
Mi poquita fé (1998), a la altura de la celebración
del nuevo milenio, grandes eran las expectativas por la aparición
de su nuevo disco.
Cuando en el año 2001 la compañía EMI Music
de México presentó su segundo CD Ni de aquí
ni de allá, -licenciado para Cuba al sello Bella Isla-,
cesaron los tres largos años de espera para conocer otros
temas de este creador.
En una primera y rápida escucha del nuevo disco, se advierte
que lo demostrado por David en su ópera prima, (tener muchísimas
cosas por decir y sobre todo nuevas) se supera ampliamente en Ni
de aquí ni de allá. Refleja con mucha más
claridad lo que en Mi poquita fe se adelantó un
poco: la definición de su obra dentro del pop fusión
con un nivel de realización altísimo y una originalidad
sorprendente siempre.
David, que comenzó su trabajo a finales de los 80, conforma
el grupo de creadores que hoy conocemos como pertenecientes a la
"generación de 13 y 8" (aunque nunca acudió
a esa ya famosa dirección del céntrico Vedado donde
se desarrollaban las peñas habituales). El caso es que todos
ellos Vanito, Alejandro, Boris, Medina... aunque distantes, mantienen
la misma afinidad conceptual en la manera de enfrentar la canción
que los unió hace más de diez años; precisamente
en ese estadio donde no hay límites para fusionarla con otros
géneros e incorporarle recursos expresivos tanto musicales
como en el texto, que rompen con criterios preestablecidos y abren
el paso, además, a otra manera de trasmitir cubanía.
Y en esa posibilidad que propone este estilo, convergen la tradición
y lo nuevo, la ternura y lo violento de la vida cotidiana, lo irreverente,
el barrio, lo marginal, el amor, la nostalgia, La Habana, el rock,
el pop, el rap, el son, el bolero, la canción, la balada,
en fin. Pero sobre todo, si algo resalta en este disco es esa increíble
fusión entre lo reconocido como lo popular y lo culto, que
David logra con absoluta coherencia a partir de su rica poética,
de imágenes muchas veces inesperadas y con su exquisita y
desprejuiciada manera de asumir la música toda, sin barreras.
Obras como el nuevo éxito en grande de David: "Quién
me quiere a mí", hacia lo más bailable,
o la "agresividad" de "Vamos a ver"
contrastan con el lirismo de "Serenata telefónica"
o la ternura de "Besitos", "Pamela"
o "Mayte" obras de arte de pequeño formato,
que dan un toque distintivo al disco.
Pero si de diversidad se trata, habría que detenerse en
el tema "Intoxícame", que con igual frescura,
coherencia y originalidad establece un parentesco con el conocido
tema "Miénteme", del mexicano Armando Domínguez
"Chamaco", para mezclar sonoridades de mariachi con las
rockeras y descubrir una analogía insospechada de ambos temas,
a partir de la complacencia por ese extraño amor, cuasi masoquista
Un alto para el tema que da título al disco: "Ni
de aquí ni de allá" resultado de una profunda
reflexión que resume quizás, vivencias personales
y, donde con igual tino logra imbricar sonoridades del pop rock
con aquellas del son que puramente tipifican lo cubano, excelente
la inserción del cantante cubano Ricardo Bofil que viene
a reafirmar con su timbre sonero, lo que en cualquier parte del
mundo reconoceríamos como de Cuba.
"Máquina de amar", único tema que no es
de la autoría de David, goza aquí de una de las mejores
versiones realizadas a esta obra -antes eran conocidas las del grupo
mexicano Kerigma y la del propio autor José Luis Medina.
Esta logra resumir, gracias al histrionismo de David y la asimilación
que ha hecho del tema, ya casi como suyo, toda la atmósfera
equilibrada entre lo sensual y lo sexual que propone el original.
Y quizás resulte curioso apuntar que en el disco anterior
Mi poquita fe, también David incluyó un tema que compartía
autoría con Medina: "Aunque siempre sin dinero".
Incluye otros números tan exitosos como "Corazón
limosnero", "Dicen que", "Por ti seré",
(tan clásicos de David en la manera de reflejar el amor por
una mujer y tan atípico para un latino), y un bellísimo
dúo en "La soledad de esa mujer", junto al cantautor
Amaury Gutiérrez, corte que ya apareció en el disco
homónimo de este otro trovador
Una acertadísima producción de Donato Poveda, junto
al propio David y Raúl del Sol, que también se ocupan
de los arreglos (para "Intoxícame" produjo David
y Nacho Acosta). Excelente diseño que juega con los conceptos
del kitsch y del buen gusto y un sonido que recoge todos los requerimientos
en esta diversidad de fuentes expresivas.
Un disco es por demás, la muestra de una parte de la obra
de su protagonista, y como dicen algunos lo que queda para la historia...
Tomado de La
Jiribilla
Ver discografía en www.discuba.com
|