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En
la manigüa oriental de Cuba sobresalen unos gruesos y altos
bambús que no son la caña brava -más alta y
delgada- ni la caña de azúcar, ni la cañafístola,
sino la caña de bambú, o como se le conoce ahí,
el cañambú.
Al
principio de los 40 en el pueblo de San Luis, en la actual provincia
de Santiago, muchos campesinos usaban un canuto de cañambú
para llevar el agua de beber. Uno de ellos, el señor Ruiz,
relató que al estar cortando un cañambú, este
azotó sobre el suelo produciendo un sonido seco y fuerte
como de bongó.
Al
cortador y a su familia les gustaba el son no solo para bailar sino
también para interpretarlo, pero el problema es que había
que invertir dinero, que no tenían, para comprar algunos
instrumentos que tampoco tenían: bongoes y bajo. De alguna
suerte se habían conseguido ya un tres y una guitarra.
Al
momento de escuchar el golpe como de bongó, empezaron a buscar
la forma de reproducir fielmente su sonido cortando diferentes tamaños
del bambú, hasta lograrlo con un canuto y un tercio para
el bongó agudo y algo así como un canuto y un medio
para el grave. El cañambucero (por bongocero) cogía
un canuto en cada mano, en posicón vertical y los golpeaba
contra la superficie de un pequefio banco de madera consiguiendo,
con habilidad, rítmica y tonalidad muy cercanas a las de
los bongoes.
Con
este gran incentivo del ¨Piquete¨ -o grupo- de sanluiseros,
por hacer sonar su propio son, aún dentro de la penuria económica,
rápidamente empezaron a batallar para sacarle la voz de un
bajo a sus aliados cañambuses. Intentaron con uno largo de
cinco canutos -casi dos metros- limpio de venas y manchas, cortado
del centro mismo de la mata, Había un sonido grave y profundo
al golpearlo sobre el suelo, matizando con golpes laterales dados
con la otra mano. No fue suficiente, necesitaba cierta armonización.
Finalmente lograron el sonido atando a la base del mayor, dos tramos
cortos de cañambú de diferente longitud.
Un
cañambú más delgado que el del cañambubajo
se empleó como pedestal de un cencerro y también como
percusión adicional al ser golpeado en su pared con un palito,
por el ejecutante mismo del bajo. Las maracas fue historia fácil
con solo llenar de semillas dos pedacitos de cañambú
y ponerles un mango.
Con
esta dotación el quinteto estuvo listo para empezar a invadir
toda suerte de fiestas en San Luis y ganar algunos centavos. Los
primeros que así empezaron eran todos hermanos, los Ruiz
Boza, hijos del cortador de caña que accidentalmente le descubrió
su sonido musical. El grupo se lanzó a la popularidad precisamente
con el son, Cañambú con los cinco hermanos.
El
quinteto tocaba, igual que el grupo Cañambú actual,
son montuno o campestre, como lo nombra uno de los integrantes,
con el tumbao o sabor especial de su región. El grupo desde
entonces se volvió enormemente popular en su región
y en algunas zonas más lejanas.
En
el año 1978 Andrés Cardona, un joven músico
y maestro, se une al grupo como director técnico, interpretando
el mismo la guitarra y parte del coro, y sobre todo haciendo participar
al grupo en múltiples festivales en todo el territorio de
la isla. Desde ese momento Cañambú se ha convertido
en una especie de leyenda tanto por su particular instrumentación
como por su calidad musical.
En
el 1993 Cardona decide agregar un contrabajo al grupo para aumentar
su contenido armónico, sin desplazar ninguno de los instrumentos
originales.
El
grupo Cañambú es, sin dudarlo, una agrupación
única en Cuba por el uso de los bambús y la peculiar
sonoridad que esto produce. Pero también es única
por contar entre sus integrantes con una voz de posibilidades increíbles
tanto en el registro alto como en el estilo global de interpretar
el son, el único sobreviviente de los cinco hermanos: Arístides
Ruiz Boza.
Arístides,
flaco, alto y pulido como un cañambú, con 63 años
encima, conserva un `pito` -como llaman en San Luis a las buenas
voces soneras- que tiene fuerte tradición entre los grandes
cantantes de esta población. Se recuerda con añoranza
a Flor Evencio García y a Víctor de los Santos Ginarte,
voces solistas del famoso Septeto Soneros de San Luis.
El
repertorio de Cañambú continúa siendo para
su gloria, el son, el bolero y el bolero-son. No solo recrean las
composiciones de los clásicos del género como Miguel Matamoros y Manuel Corona, sino que
el mismo Arístides es compositor importante. Este CD da cuenta
de seis temas de su propia inspiraci6n, así como de otro
más de Andrés Cardona, el guitarrista y promotor del
grupo.
Los
otros hermanos Ruiz Boza, al irse jubilando de Cañambú,
han sido sustituidos por jóvenes y talentosos músicos
como es el caso del tresero actual Walfrido Alarcón y el
bongocero de cañambú, Juan Pruna. Todos los miembros
del grupo nacieron y viven en San Luis, al lado de los campos de
cañambú, o como Arístides los llama, la fábrica
de música.
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