Por
sus valores histórico y arquitectónico, la casa natal
del primer poeta romántico de América, José María
Heredia, se restaura para conservar una de las reliquias de la época
colonial en la ciudad de Santiago de Cuba.
Ubicada en una populosa arteria cultural que lleva el nombre del
autor de Oda al Niágara, fue convertida en museo
para que perdure la obra del intelectual cubano, forjador de sentimientos
patrióticos y de nacionalidad.
Cuando reabra sus puertas, los exponentes museables como documentos,
pinturas y otros, estarán enriquecidos por recientes donaciones
de tataranietos de Heredia, residentes en Santiago de Cuba.
Allí estará el Centro de Estudios Heredianos, una
institución dedicada a promover la vida y obra de quien José
Martí consideró el "primer poeta de América",
y donde se cumplirá con uno de los deseos del Apóstol
de que los cubanos recordaran "la gloria del que exaltó
con el corazón las bellezas de su Cuba adorada". La
imagen original de la casa se mantendrá, aunque se colocarán
delimitadores con cadenas para proteger la fachada de la circulación
peatonal y vehicular.
La Oficina del Conservador tiene a su cargo la restauración
de esta edificación construida a finales del siglo XVIII,
con beneficios en pisos, cubierta, muros, el pretorio donde se ubican
los escalones de acceso y la baranda. También se remodela
el patio, uno de los mayores atractivos.
En 1803 los padres del poeta llegaron a Santiago de Cuba, y según
investigaciones, todo parece indicar que el inmueble se dio en alquiler
o préstamo al matrimonio. El 31 de diciembre de ese año
nació allí José María Heredia y Heredia.
Transcurridos tres años, la familia salió del país
y la casa sirvió luego de barracón y hospital de esclavos,
quedando abandonada y en ruinas.
A finales del siglo XIX un grupo de patriotas creó la Asociación
Junta Heredia, con delegados residentes dentro y fuera del país,
para rescatarla y convertirla en centro difusor de sus ideas, siendo
José Martí uno de los contribuyentes.
Fue Heredia un conspirador contra la opresión y el yugo
español en la llamada conspiración de los "Rayos
y Soles de Bolívar", motivo por el cual sufrió
el destierro. Sumergido en añoranzas y soledades, enfermó
de tuberculosis y murió el siete de mayo de 1839, a los 35
años de edad.
Cortesia de la página digital del
Periódico Trabajadores.Santiago de
Cuba, 15 de febrero 2003 (AIN)
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