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Una dicotomía interactiva
Décima...y punto?
Alguien
lo llamó"el poeta del pueblo cubano"
De su vida, su poesía, su oficio periodístico y su
labor sindical, habla Jesús Orta Ruiz.
Llegué,
a la hora acordada para la entrevista, a su casa en el Vedado, donde
paradójicamente se respira el entre, y perdone usted
de los hogares campesinos.
Cariñosa
como siempre, me abrió la imprescindible Eloína, cuya
amante misión de lazarillo ha cantado el poeta: ¡Ay,
quién me diría que/ los ojos que ayer canté/
hoy fueran mis propios ojos! -Naborí viene enseguida -disculpó
la no presencia de su Jesús en la sala, mientras me acomodaba
en un sillón-
es que anoche no durmió bien,
por los malestares que tú sabes.
Sin embargo,
en menos de diez minutos, del brazo de Eloína ya venía
el Indio sonriente, inventándome en versos un inusual saludo:
-Primera vez en la vida/ que tú me encuentras dormido/ como
un arcángel caído/ y dormido en la caída. Para
añadir de inmediato a la risa colectiva: Y luego tú
dices que ya no improviso.
Por supuesto
que todo era broma, porque ni estaba dormido, ni se considera arcángel
-mucho menos caído- y porque él sabe que yo no he
dicho, que ya no improvisa. Aunque hace muchos años que no
puede ejercer profesionalmente el repentismo, ese es un don que
el poeta no pierde con la ausencia de los escenarios.
En su partida
de nacimiento dice que el 30 de septiembre de 1922 vino al mundo
un niño al que inscribieron como Sabio Jesús Orta
Ruiz. Pero de su primer insólito nombre -¿inconsciente
vaticinio?- no tuvo noción Naborí hasta que hizo falta,
ya adulto, sacar certificado para algún trámite perdido
en la memoria.
-Yo pensaba
-comenta- que me habían puesto Jerónimo Jesús,
porque el 30 de septiembre es el día de San Jerónimo
en el santoral. Muchas veces firmé así: Jerónimo
Jesús. Cuando supe lo de Sabio me pareció muy raro,
porque ese no es nombre. Fíjate que no hay San Sabio.
Luego, en la
universidad, lógicamente había bromas con eso. Raúl
Roa, que fue profesor nuestro, hacía preguntas en el aula
y a veces me señalaba: ¡Arriba, Sabio!
También a veces sucedía que yo no respondía
bien, y entonces me decía: Hoy no le hiciste honor
a tu nombre. Bueno,
tú sabes cómo era Roa de ocurrente.
UNA
DICOTOMÍA INTERACTIVA
Desde temprano
en la vida, poesía y comunicación social germinaron
en él como una dicotomía interactiva. Se sabe que
de niño comenzó a improvisar versos en las canturías.
Ya adolescente, publicó sus primeros poemas escritos en un
periódico local de San Miguel del Padrón llamado Cooperación,
donde también se estrenó como periodista. En 1948,
su programa Décimas informativas, por CMQ Radio, no era otra
cosa que un noticiero en versos que preparaba cada día. En
1957, ya reconocido como brillante repentista y como autor de libros
de versos, empieza a escribir textos periodísticos para Bohemia.
Tras el triunfo
de Enero de 1959, en el periódico Hoy, su firma podía
verse lo mismo encabezando un reportaje que al pie de aquellos poemas
de la sección Al son de la historia, crónicas en versos
sobre la vibrante realidad cubana en los primeros años después
de la victoria. Igual duplicidad protagonizó después,
por mucho tiempo, en el diario Granma. Visto de conjunto, su quehacer
periodístico abarca más de 700 textos.
¿Y el
periodismo ayudó a su poesía?
-Claro que ayudó.
El periodismo ayuda a la poesía por el ejercicio constante
hacia el dominio de la palabra. El periodismo requiere síntesis
y la poesía también, aunque de otro modo, desde luego.
Son dos artes diferentes, pero la primera, por su dinámica
constante en busca de decir lo más posible en el menor espacio,
va preparando la capacidad de resumen de quien escribe, si además
es poeta, para apresar el destello de iluminación poética
en la necesaria condensación del verso.
Su vocación
de servicio social me recuerda otra etapa de su trayectoria, quizá
no tan conocida: aquella en que se desempeñó como
Responsable Nacional de Cultura de la CTC
-Aquellos fueron
años de extraordinarias experiencias, de mayor conocimiento
del pueblo, de los trabajadores, y de la significación de
su organización sindical.
Creo que en
ese tiempo, sobre todo por el aliento de Lázaro Peña,
se dio un salto cualitativo en la cultura del movimiento obrero,
en la formación de su gusto estético, y para eso contamos
con el apoyo de muchas figuras importantes de la cultura nacional.
Se dieron entonces muchos pasos iniciadores de cosas que ya hoy
son costumbre, como los concursos literarios de cada sindicato,
que confluyen al final en el concurso Rubén Martínez
Villena. Ese nombre no se escogió por gusto: un poeta que
fue secretario general de la Confederación Nacional Obrera
de Cuba, antecedente de la CTC.
DÉCIMA
¿Y PUNTO?
Considerado
el decimista más significativo de la literatura cubana contemporánea,
Naborí participó de modo protagónico en el
fenómeno de renovación de la estrofa ocurrido en los
años 40 y 50. En su caso, los alcances estéticos iban,
en amplio diapasón, desde la elevación y enriquecimiento
metafórico de la décima oral improvisada de raíz
campesina hasta los relumbres líricos de la poesía
escrita de la época, vertida en el molde estrófico
espineliano. En
pocas palabras, la concertación de lo popular y lo culto,
tan necesaria a la décima, en un mismo creador.
Sus primeros
cuadernos, Guardarraya sonora (1946) y Bandurria y violín
(1948), publicados por una humilde imprenta de San Miguel del Padrón,
fueron decimarios de fina raigambre popular no por ello exentos
de altura lexical y tropológica. Sobre el segundo de esos
títulos, el gran chileno Pablo Neruda, de visita en La Habana
en 1961, le comentó a Naborí: Leí tu
libro. Oye,
¡es mucho violín para ser bandurria!
Al poeta que
acuñó la décima cubana como Viajera peninsular,
¿qué opinión le merece la extraordinaria evolución
que ha tenido la estrofa en las últimas dos décadas,
en especial en los 90, tanto en la oralidad como en la escritura?
-En Cuba siempre
hubo buenos decimistas, tanto en una como en otra vertiente, desde
la larga nómina de improvisadores, muchos de ellos sorprendentes,
hasta escritores como Eugenio Florit, los de Orígenes, Nicolás
Guillén. Es riesgoso decir nombres, porque son muchos. Es
un inmenso y rico caudal el de los aportes que dieron a la décima,
a lo largo de nuestra historia, tanto los poetas populares como
los poetas de la escritura, los que hemos dado en llamar poetas
de lo culto.
Lo que
ha sucedido en las décadas recientes, esa evolución
que tú mencionas, con una masividad nunca antes vista en
los decimistas, ese enriquecimiento del léxico y esa ansia
en la búsqueda permanente de la poesía, parte de aquella
herencia, y es resultado directo de la Revolución triunfante
en 1959, que abrió para todo el pueblo las posibilidades
de acceso a la educación y la cultura, liberó las
potencialidades insospechadas de las grandes masas, borró
progresivamente las fronteras entre la ciudad y el campo, y vertebró
una política cultural cada vez más amplia, con hechos
monumentales que van desde la Campaña de Alfabetización
en 1961 hasta la Universidad para Todos en nuestros días.
Pero el Naborí
poeta -prolífico como el Naborí periodista, investigador
y ensayista- no es únicamente un poeta de la décima.
Con Martí, presencia vital siempre en él, piensa que
cada emoción pide su métrica... o ninguna. Ahí
están los poemas del Indio en versos libres, sus romances
(¿quién no se conmueve aún con la Elegía
de los zapaticos blancos?) y sus sonetos. De
estos últimos, por cierto, los agrupados bajo el título
Una parte consciente del crepúsculo están considerados
entre los mejores escritos en lengua castellana.
También
los rumbos ideotemáticos de su obra en versos han sido tan
disímiles como los de la vida misma. De sus decimarios germinales,
con olor a tierra húmeda y a amor recién mojado, a
la poesía social que toma el pulso a su tiempo, presente
en libros como Al son de la historia y Esto tiene un nombre. De
la poesía dolorosa por la pérdida del hijo en Elegías
a Noel, a las evocaciones a la infancia y la familia en Entre, y
perdone usted. De la búsqueda ontológica de Entre
el reloj y los espejos, a la perspectiva desde la vejez y la pérdida
visual y desde quien ha estado al borde de la muerte, transidas
acaso con un tinte del grotesco del Siglo de Oro español,
en Con tus ojos míos.
Resulta fascinante
un diapasón tan amplio en la obra de un poeta -le comento.
Y se sonríe. Y sólo me responde: -¡Chico, es
que yo he vivido ochenta años!
Texto cortesía del periódico
Trabajadores
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