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Una
de las expresiones fundamentales de la cultura cubana y su manifestación
más popular lo es la música. Por eso, no debe extrañarnos
si, desde los primeros tiempos de la exhibición y de la producción
del cine, en la Isla, vemos cómo algunos de los mayores nombres
del pentagrama aparecen asociados al séptimo arte.
Y así
sucedió con el más universal de los compositores cubanos
del siglo XX: Ernesto Lecuona. Según
relatan sus biógrafos y los más importantes musicólogos,
a los doce años había creado sus primeras piezas,
y se le veía actuar, como pianista de cine silente en el
Fedora, sala cinematográfica situada en las céntricas
y habaneras calles de Belascoaín y San Miguel.
En los intermedios,
entre proyección y proyección, aquel adolescente dirigía
la reducida orquesta acompañante y ofrecía solos de
piano; quien llegaría a ser uno de los más extraordinarios
ejecutantes del instrumento también actuó en los cines
Parisién, Norma, Turín, Téstor, Orión,
en la capital cubana.
Cuando apareció
el cine sonoro, piezas de Lecuona sirvieron de banda musical a filmes
cubanos. Entre sus títulos utilizados en la pantalla se encuentran:
Como arrrullo de palmas, La comparsa, Noche azul, Andalucía
y Ante el Escorial.
Siboney,
una de sus más conocidas composiciones fue utilizada, incluso
como título del filme, por el realizador de origen español
Juan Orol, tan vinculado al cine cubano en su etapa sonora. Igualmente,
los directores cubanos Ernesto Caparrós, Max Tosquella y
Sergio Miró, utilizaron sus temas, en cortos musicales y
en La canción del regreso, largometraje de ficción,
rodado en 1940.
Una de sus más
hermosas canciones, que ha recorrido todo el planeta, Siempre
en mi corazón, fue nominada al Oscar, en Hollywood, por
ser la sustancia de la película musical: Always in my
heart. En voces como la de Glenn Miller y la de Plácido
Domingo, esta obra cubana le ha dado la vuelta al mundo, desde la
década de los años 40 hasta el presente.
En la película
Fresa y chocolate, del desaparecido realizador cubano Tomás
Gutiérrez Alea (Titón) y de Juan Carlos Tabío,
el maestro Ernesto Lecuona es un vivo referente con dos de sus números
más espléndidos: A la antigua e Interrumpida,
hermosas danzas para piano.
Texto cortesía del Periódico
Trabajadores
Ver discografía de Ernesto Lecuona en
www.discuba.com
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