receta de cocinero.

¿Qué se siente al ser un director cubano?

Lo que más me enorgullece es presenciar que para nuestras películas se arman unas colas enormes, incluso mayores que las que genera un filme norteamericano o francés.

Nuestro cine ha anclado en la memoria colectiva de los que habitan esta Isla y goza del apoyo del pueblo. Genera mucha curiosidad porque tiene códigos muy particulares. Es muy iconoclasta, trasgresor, con un espíritu muy crítico dentro de la Revolución.

Miel para Oshún y Gente de pueblo integran una trilogía, ¿qué la cerrará?

—Esto es una batalla para la cual no sé si estoy disponible, en términos de salud. Pero está entre mis planes concluir con Inocentes, una cinta donde los niños tendrán mucha participación.

Si bien será una película sobre los adultos, se ocupará del complejo mundo infantil, de cómo los niños ven la vida, la política, cómo van descubriendo la doble moral y cómo esta realidad repercute traumáticamente o en respuestas que sorprenden a sus padres.

Humberto vuelve a ser pionero...

No sé si tengo esa categoría. Quizá en una época sí, porque cuando hice Manuela, Lucía y mis primeros cortos experimentales, no tenía prácticamente antecedentes. Si hablamos de que pertenezco al grupo que tuvo la oportunidad de establecer la imagen de Cuba, la luz de Cuba, el color, el diálogo del cubano y la idiosincrasia; lo soy.    

Y ahora vuelve a ser un precursor en el tema de la tecnología digital...

No se trata del uso de la tecnología, sino del concepto. El digital no se hizo para que se establecieran nociones cinematográficas renovadoras, sino para consumir.

Pero, el polémico grupo Dogma, con obras más o menos geniales, hizo películas con camaritas de las fiestas de 15 años, y reabrió algo que parecía que no se podía hacer ya: un cine de arte.

Debemos  aprovechar, pues, el desarrollo tecnológico en función de resucitar el espíritu cultural cinematográfico, a partir de utilizar pocos recursos, por los que ningún productor te obligue a hacer una cinta comercial.        

En este sentido, ¿por dónde han ido las tres ediciones del Festival Internacional de Cine Pobre?

Uno de los objetivos del festival es hacer hincapié en el espacio para los autores experimentales, porque ahí está la cantera estilística de los cambios que se avecinan, lógicos en la historia del arte. Posiblemente estaremos hablando ya de un Nuevo Cine Cubano, con precarios recursos y mucha creatividad.

Para esta edición el Festival inaugura un espacio dedicado a las maquetas, donde se presentarán las películas grabadas, con un sonido imperfecto, con el objetivo de buscar entre todos cómo llevarlas a su fin.

Sin embargo, el logro fundamental es que, aun de manera no confesada, los directores, sobre todo de la Isla, hayamos aumentado la producción, hayamos salido con una cámara a filmar nuestra realidad. Ojalá nada nos detenga.

Acaba de regresar de España, donde daba los toques finales a Gente de pueblo , rodada íntegramente bajo los presupuestos del cine pobre, ¿cómo le fue?

Gente de pueblo alcanzó su estructura definitiva en La Habana, lejos del frío de Madrid, de los equipos. Yo traje versiones y aquí los colaboradores hemos definido la última. En ella sacrificamos algunas cosas, hasta personajes, porque no somos Hollywood y tenemos que hacer una obra de una hora y 45 minutos, que tiene que recorrer las salas de cine.

Faltan algunos doblajes que iré adelantando. Desde acá, le enviaré al editor en Madrid por e-mail cómo va a ser el corte de negativos y qué planos faltan... Y todavía quedaría hacer la mezcla sonora en España.

Dijo de Miel para Oshún: es una película que no transgrede, que no innova..., ¿lo hace Gente de pueblo ?

Es difícil tener conciencia de tu capacidad transgresora. Mi hermana Elia Solás, la guionista, Sergio Benvenuto y yo pensamos que había que hacer otro discurso en relación con la comunidad cubana en el exterior, a la división familiar. Debíamos contribuir a sanar heridas. Entonces hicimos Miel... , una película humanista que transgredió por estar desempercudida de prejuicios. Quizá no sea la gran cinta, pero tiene el mérito también de ser la primera rodada en digital.

Por su parte, Gente de pueblo es un viaje a la semilla. Yo desperté como cineasta por el neorrealismo italiano y durante una etapa de mi vida quise hacer este cine. Lo intenté con Un día de noviembre, pero el saldo fue tan traumático que me dediqué a otras temáticas que me interesaban, como la histórica.

Ahora, con los años y con la economía comprimida, retomé la cotidianidad, las historias y personajes sencillos. Gente... es una crónica de la Cuba de hoy, no solo de la periferia de la ciudad, sino del campo, de las provincias orientales”.

¿Cuál o cuáles son las características que admira del séptimo arte como espectador?

Lo que disfruto es una película de gran comunicación con el espectador, que no haga concesiones con el mercado.

Igual me deleito con un filme muy experimental, de vanguardia, porque son los precursores quienes abren los caminos y cambian el rumbo de la historia del cine. Por eso adoro los filmes de Andrei Tarkovsky, Michelangelo Antonioni, Kievslosky, el último gran cineasta de la humanidad que por desagracia falleció joven.

Entonces me debato entre la obra de precursores, hecha por hombres que sacrifican su nivel de vida a cambio de nada; mientras me gusta también  la popular, con respeto al público y con pasión. Una película que quiera hacernos reflexionar o, por lo menos, cuestionar aquellos valores que ya son obsoletos.

Creo en un cine ético, por lo que tengo mis límites con los nihilistas, los derrotistas; aunque reconozco que películas con esas características son un antídoto para despertar al ser humano.

Solás está acostumbrado a los homenajes, sin embargo personas cercanas aseguran que recibió la noticia del Premio Nacional de Cine, en España, con sorpresa y alegría, ¿qué tiene este de especial?

—Siempre que no se considere como una invitación a la jubilación es una profundísima satisfacción, porque es un premio que te dan como cineasta nacional. Su envergadura me asombra y me preocupa porque es mucha responsabilidad.

El premio me llegó a España y, en medio de la ola de frío más fuerte que ha habido allí en 25 años, fue como un aire cálido. Al mismo tiempo, aun personas que no me han comprendido, se me han acercado y hemos restañado heridas. Pero hay que tener cuidado con el premio. No debe entregarse solo a los autores. Cada miembro de esta institución, desde el último técnico y hasta el último oficinista, se merece este galardón.

Yo propongo que uno de estos años se lo den a la gente del ICAIC porque son quienes han sacado adelante el cine cubano. No deben seguir siendo los héroes anónimos”.

Un reconocimiento a más de cuatro décadas dedicadas al séptimo arte, ¿se considera un hombre de éxito?

Podría decir que sí, porque todavía tengo salud. Mal que bien, estoy cumpliendo con mi sueño de ser cineasta, con grandes aciertos, según lo que dicen los demás, y con grandes fracasos.

He tenido el gran privilegio de poder hacer cine y de seguir haciéndolo, mientras pueda. Entonces, sí, soy un hombre de éxito.

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