Llega usted a la Plaza de Armas y su vista se detiene al frente, en el ángulo izquierdo, en la representación de un templo griego en pequeña escala, El Templete. Fue edificado por el Capitán General Francisco Dionisio Vives en 1828, para convertir en monumento histórico el lugar donde tuvieran lugar la primera misa y el primer cabildo y se fundara La Habana, en el territorio que hoy ocupa el centro histórico, en 1519.
Fue este el tercer traslado y la quinta ubicación de nuestra ciudad, pues en primera instancia, la villa de San Cristóbal de La Habana fue erigida por su primer teniente gobernador Diego Velázquez de Cuéllar, con la autoridad de su alto cargo, en nombre de los Reyes de España, en la costa Sur del cacicazgo indio de La Habana, junto al río Güines, Mayabeque u Onjeajinal.
Tras disímiles ubicaciones, Velázquez decidió cambiar nuevamente la villa hacia el puerto de Carenas, descubierto por el capitán Sebastián de Ocampo, durante el bojeo a Cuba, cumpliendo órdenes del comendador don Nicolás de Ovando. En principio, fue ocupado el territorio aledaño a la ensenada de Guanabacoa y, definitivamente, quedó emplazada frente a la bahía.
El aniversario de la ciudad comienza a celebrarse desde 1519, pues en esa fecha ocurrió su fundación, al efectuarse la primera misa y el primer cabildo, a la sombra de la ceiba frondosa allí existía.
Algunos historiadores no están de acuerdo en que fue realmente bajo este árbol donde celebraran las dos ceremonias señaladas, pero ha podido verificarse que la tradición está basada en hechos reales y, por lo tanto, forma parte de la historia de nuestra ciudad.
El árbol en cuestión estuvo sembrado al noroeste de la actual Plaza de Armas y para perpetuar el recuerdo de tal acontecimiento, el gobernador Francisco Cagigal de la Vega mandó a construir en 1754 una columna de tres caras que lleva en su base dos inscripciones, que aun hoy pueden leerse, en latín y en castellano, alusivas a la primera misa y cabildo.
A la extrema derecha está plantada una ceiba, la cual constituye un símbolo vivo del mundo vegetal, poseedora de un aura legendaria, y evoca la que dio origen a la construcción del monumento.
Rodeado de rejas de sobria construcción, el pórtico y las columnas de El Templete son también reproducciones, logradas con sentido artístico, de la arquitectura clásica griega. Se encuentra también allí una estatua del almirante Cristóbal Colón, en su condición de descubridor para los españoles del continente americano.
Como punto final a la descripción de su aspecto exterior, puedo consignar que, en la parte superior de las columnatas de la entrada, pueden verse unas piñas labradas en hierro, como una rememoración a la fruta tropical más preciada por los europeos, con sus penachos estilizados que la coronan como reina de las frutas cubanas.
La tradicional marcha de las mazas del Cabildo hacia tan emblemático lugar, la alocución del Gobierno de la ciudad que resume historia y logros del pueblo capitalino y la legendaria vuelta a la ceiba constituyen instantes emblemáticos de los festejos por el aniversario de la villa de San Cristóbal.
El Templete muestra en su interior tres grandes óleos del pintor francés Jean Baptiste Vermay, los cuales fueron recientemente restaurados con meticulosidad admirable, y aluden a los personajes asistentes a las ceremonias que protagonizaron el nacimiento de nuestra historia.
Por: Ada Oramas. Publicado en el Periódico Tribuna de la Habana.
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