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La
incorregible renovación de Adigio Benítez
Por Andrés D. Abreu
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"Yo sigo inconforme, si así no fuese estaría repitiéndome".
Esta insatisfacción manifiesta con su propia obra y la vocación
sincera de responder comprometidamente a cada tiempo hacen que el
artista Adigio Benítez, quien recibe el Premio Nacional de
las Artes Plásticas en el Museo Nacional de Bellas Artes, pueda
exhibir como un estilo propio la renovación constante de su
obra.
ADIGIO VISTO POR SU PROPIO ARTE.
El dibujo político como etapa naciente de su desarrollo creativo
le permitió al joven egresado de San Alejandro y miembro del
Partido Socialista Popular expresar sus naturales necesidades ideoestéticas
y encontrar en el diarismo un ejercicio, que aunque imperfecto en
su dinámica, fue lo suficientemente riguroso para consolidar
su línea en función de la reflexión social.
Consciente de las diferencias entre el dibujo y la pintura, Adigio
buscó también en sus primeros óleos un acercamiento
pictórico a la Cuba humilde. Como un homenaje a los desposeídos
surgieron sus primeras figuras sobre el lienzo dando continuidad al
aporte de la primera vanguardia cubana y artistas como Pogolotti,
Víctor Manuel, Carlos Enríquez y Abella.
"La Revolución, aunque naciente y amenazada, me permitió
alcanzar otro nivel de pensamiento artístico. Junto a imágenes
de milicianos, obreros y la nueva mujer cubana surgieron los Soldadores,
una serie que en su solución plástica de composición,
espacio y color expresa un aprovechamiento de las posibilidades de
la abstracción." Así valora el artista otra de
sus etapas donde alcanza la madurez creativa y comienza su entrega
magisterial, primero en la Escuela Nacional de Arte y luego en el
Instituto Superior de Arte.
"No hay duda de que mi naturaleza de superación se estimulaba
en el contacto con los jóvenes. La renovación e investigación
que les proponía a esa nueva generación me la imponía
a mí mismo. Me sentía como el hermano mayor de mis alumnos."
Para Adigio, los ejemplos de Piccaso y Dalí, como constantes
y crecientes mutaciones en la pintura, son preferidos a esos otros
artistas que al lograr una obra triunfante languidecen sobre sus mejores
patrones.
Convivir con la postmodernidad en la que prosigue trabajando este
septuagenario pintor, no implica lo abrupto para un hombre que ha
sabido asimilar, en su experimentación con líneas y
formas, influencias del cubismo, el surrealismo, el Pop y el Op Art.
Sus Papiros en La Habana suman el absurdo a su poética, y a
finales de los años ochenta y durante los noventa nutre de
apropiaciones su universo plástico en evidente concordancia
con la contemporaneidad.
Sobre el caballete de su estudio hoy puede verse, en acrílico
sobre lienzo, un guajiro y una guajira enamorados sobre un caballo
tal vez hecho de papel. En ella se nos devuelve la Gitana tropical
de Víctor Manuel. Líneas más implícitas,
más color y un pincel cada día más pictórico
hacen que Adigio Benítez, siga sintiendo la insatisfacción
como una necesidad incorregible.
Conozca más de la vida y obra de este
artista.
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