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Raúl
Corrales. Premio Nacional de Artes Plásticas, 1996.
Por
Margarita Ruiz
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Cuando se recorren las imágenes fotográficas de Raúl Corrales, no
sólo se advierte el registro fiel de acontecimientos históricos
que captó con agilidad de reportero, sino a la vez una dimensión estética
surgida de vínculos sentimentales con los hechos que fueron objeto
de su acción testimoniante. Cada ya clásica fotografía suya es un
documento vivido y una declaración visual de la identificación consciente
con el valor ético, político o cultural de los asuntos retratados.
La fotografía de este laureado artífice nuestro, no ha querido nunca
sustituir a la pintura, ni emular con ésta. Tampoco se afirma en búsquedas
formales compositivas, perceptivas y significativas que suelen priorizar
lo experimental o el aspecto plástico. Su acierto depende de la capacidad
del ojo para elegir la toma adecuada, e igualmente de lo comunicativo
de la instantánea y de ese trabajo en el laboratorio, donde selecciona,
imprime y recorta los fotogramas. Por eso hay que verlo como un profesional
que se vale de la intuición ocular, para saber qué visión debe ser
fotografiada, y un hombre sensible que mediante el diseño, las disolvencias
estáticas y el claroscuro, transmite su manera de ver y los simbolismos
encarnados en los rasgos icónicos de la foto.
Corrales ha dejado para todos los tiempos momentos épicos del proceso
revolucionario cubano. Sus visiones de los años sesenta perviven en
los archivos y muestran al mundo una epopeya de la vida popular que
devino escenario de siembras y transformaciones. Aunque, a diferencia
del culto de la llamada "foto-live", que en cierto sentido responde
a una objetividad desapasionada, las fotografías de Raúl han fijado
también sus pasiones, certezas y sueños. Su labor de fotógrafo ha
sido desplegada con responsabilidad y con toma de partido del lado
de la justicia y el heroísmo. Existe, sin embargo, otra zona menos
conocida de la producción de Corrales: sus retratos y escenas de la
cotidianidad, los registros de cosas e individuos que le han despertado
el deseo de convertirlos en configuración fotográfica. No falta ahí
tampoco su pericia técnica, que le facilita obtener la expresión lírica,
ni esa a veces involuntaria tendencia a lograr la plasticidad propia
del medio con la sola obturación de la cámara. Para las creaciones
visuales de Cuba, Corrales es uno de sus nombres mayores. En su obra
el testimonio es sobrepasado, quedando para el deleite de la mirada
que aprecia lo bello de la realidad y del arte. He ahí su magisterio
en el lenguaje de la fotografía.
Cortesía
del Consejo
Nacional de las Artes Plásticas
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Nacional. Consejo Nacional de Artes Plásticas
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