Rafart representa una tradición familiar muy importante. Su
familia se ha desempeñado en el oficio. Recuerdo con muchísimo
cariño a su hermano, a su otro hermano, otro maestro, él
mismo, desde que era prácticamente un muchacho, que nos conocemos.
Tiene primero la savia de su tradición de una ciudad, de un
mundo, que es el mundo de Barcelona y su internat, que es un mundo
de gran cultura, de grandes oficios, de grandes menesteres de oficios,
cerámica, vidrio soplado, esmalte y fundamentalmente orfebrería.
Eso le viene a él por esa experiencia cultural y le viene también
en la sangre por ser una familia de oficios. Pero no solamente de
hombres de la mano, son hombres de la inteligencia. Pepe es un hombre
con una enorme sensibilidad, con una cultura personal contenida, que
no ostenta, pero que está en su obra.
Su obra tiene toda la realidad de la tradición más antigua
y tiene toda la fuerza y todo el poder, y todo el impacto de la creación
más moderna. Pepe tiene además oficio, que es lo más
importante. Tiene el oficio porque hay quien sueña una cosa
y ejecuta otra, él no. El hace sus cosas y es hermoso ver esa
transformación entre la lámina de los cordones de plata
pura, cuya ley el se preocupa que sea la mejor y la más alta
hiendo a Taxco y a las ciudades donde se hace todavía según
la tradición mejor.
Lo vemos diseñando, soñando y esculpiendo sus piezas.
Tiene esa posibilidad que otros no tienen. Suele además encadenar
otros elementos naturales como son: el mármol, las maderas
más preciosas, las piedras: duras, semipreciosas y aún
las más bellas. Tiene además una enorme sensibilidad
humana y una generosidad proverbial. Pocas personas he visto que enamorado
de su propia obra prescindan de toda consideración económica
por la obra y para la obra. Al menos es mi experiencia.
Tiene lo que merece, pero Cuba tiene una deuda con él. Yo pienso
que todavía no es suficientemente amado su arte. Aunque en
el momento en que se produce el trascendental encuentro en el Vaticano
entre el Comandante en Jefe Fidel Castro y el Santo Padre Juan Pablo
II el presente que la nación lleva de sus manos al pontífice
es una obra de Rafart. Y esto tiene una significación extraordinaria,
que ese esplendido caracol, ese Nautilus nacarado que se mueve como
si fuese una criatura viviente haya estado y este hoy en una de las
colecciones más importantes del mundo.
Ese, entre otras es una prueba del aprecio que tiene los que conocen
de Rafart y al mismo tiempo el deslumbramiento que produce aquellos
que reciben, encargan, tienen o poseen una obra suya, en un anillo,
en una gargantilla, en un espejo, en una caja de puros, en una escultura
monumental.
Yo le he encargado ahora que haga unas esculturas monumentales para
La Habana, para que quede una obra monumental de él en La Habana.
Y la Iglesia de Paula donde todos los artistas han colocado una obra,
los artistas de una gran generación, hay una lámpara
votiva, una cruz que él llevo al Perú al encuentro internacional
de orfebres y artes aplicadas y que explican por si mismo quien es,
de donde viene y a que aspira Rafart.
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Pepe
Rafart y otros artistas de la Plástica
en La
Peña.
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