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La Iglesia de Paula.
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La antigua Alameda de Paula nos conduce a una obra restaurada que resume la historia y el arte presentes en la diminuta Iglesia del Real Hospital de San Francisco de Paula, en la avenida habanera del Puerto de la Habana, que fue el segundo de las cuatro instalaciones citadinas de su tipo en el siglo XVIII.
El elemento constructivo que llegó a nuestros días fue un deseo de última voluntad del sacerdote Nicolás Estévez Borges para el cuidado de mujeres pobres y desamparadas, pero los embates de los fuertes temporales de 1730 y el tiempo dejó como único recuerdo la capilla.
La arquitectura de este local se asemeja a la de San Francisco de Asís tanto por el trabajo de su fachada como en los trazos interiores. La cabecera de cortos brazos del transepto y la cúpula constituyen una demostración de la fortaleza que alcanzaron los constructores de estas edificaciones coloniales, aunque ante nuestros ojos aparezca el edificio mutilado de su diseño original.
Su exterior, con una especial sobriedad frente al mar, asemeja un islote en medio del camino que recorre la memoria de los recuerdos con sus adornos interiores de un definido estilo barroco que completa la luz multicolor en un gran vitral.
En nuestros días la añeja Iglesia de Paula cumple las funciones de sala de conciertos que se completa con ser la sede del grupo de música antigua Ars Longa, en una fusión artística con obra de recientes autores de la plástica sobre temas religiosos especialmente elaborados para este espacio.
El llamado de la Oficina del Historiador de la Ciudad a un conjunto de artistas cubanos de renombre internacional, permitió hacer llegar a la capilla las joyas que allí se exponen en la actualidad y representan un nuevo hálito de vida. Entre ellas aparece un tríptico con la firma de Cosme Proenza, dedicado a San Francisco de Paula; el Vía Crusis de Zaida del Río y el vitral de la sala, a cargo de Nelson Domínguez. Otras técnicas delatan la presencia de autores como el escultor Agustín Quintanilla o el estilo de Roberto Fabelo, Aniceto Díaz, Isabel Jimeno y otros para completar un disfrute pleno de estilos y formas de la contemporaneidad.
En el centro de esta nave fueron exhumadas las cenizas del famoso violinista cubano Claudio José Domingo Brindis de Salas, cuya herencia musical permanece en este nido de leyendas de largo vida junto al mar. Fiel a estos antecedentes, el recinto representa un verdadero obsequio para penetrar en la magia musical de un entorno donde triunfa el disfrute de la espiritualidad; sitio propicio para que la Iglesia de Paula sea sede del Festival de Coro de La Habana y lugar de disfrute para los que gusten de este especial espectáculo de música coral.
Cortesía de Juglar Publicidad.
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