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Cuando,
después de haber dejado de mirar las obras de Nelson Domínguez,
se vuelve a estar frente a ellas, una impresión inequívoca avisa
que se está frente a algo original y aun originario. Algo irreductible,
más allá de lo que en arte parece contar: el estilo.
Ensimismamiento, ensueño profundo de la materia, resistencia. Y
si se mira a través de tantas realizaciones e intentos, sobre ese
abismo que separa el momento actual de todo lo anterior, la resistencia
adquiere ya un carácter metafísico que roza una mística: es afirmativa
supervivencia que avisa que la palabra final no esta dicha. Y que,
a pesar de todas las revelaciones pláticas algo permanente en un
secreto sagrado, cargado de silencio. Es el silencio de la tierra,
del paisaje cubano, que el artista conoce a la perfección.
Y esa, justamente, se nos figura que sea la definición de lo plástico.
Un paisaje, un objeto, un rostro humano son plásticos cuando, al
mismo tiempo que ofrecen una generosa manifestación que "da la cara",
guardan y reservan una posibilidad inagotable de manifestaciones:
materia que no ha sido enteramente absorbida por una forma y que
parece engendrar, con no se sabe qué elemento fecundante, una serie
de formas posibles e igualmente reales, que se insinúan, que se
presienten.
Como un químico que busca reacciones e investiga sin descanso las
materias, así es Nelson Domínguez (Baire, Santiago de Cuba, 1947).
Un experimentador que, con talento y suerte, camina sobre las más
variadas técnicas, de la mano de interesantes recursos expresivos.
En ellos se encuentra las palabras idóneas para "enviar" mensajes
al espectador, a través de cualquier medio: barro, cristal, madera,
metal, tela, papel. Se podría decir que las superficies no resisten
a sus embates artísticos.
En el inmenso laboratorio (ARTE), el creador no tiene en cuenta
fronteras entre las manifestaciones, Porque desde sus inicios, la
investigación-experimentación formó parte de su quehacer, costumbres
y nostalgias, llegadas de los ambientes del campo natal moldearon
sus visiones plásticas.
Desde sus raíces, Nelson comenzó a abordar el mundo campesino,
con humor, delicadeza y poesía. En sus obras se mezclan lo vegetal
y lo humano, en una atmósfera de cuentos y leyendas que nos recuerda
el camino abierto por Víctor Manuel, Amelia Peláez, Carlos Enríquez,
los pioneros de la vanguardia cubana. Pero él lo enfrenta con originalidad.
"Los instantes de la Sierra Maestra perviven en mi, porque para
quien trabaja desde su infancia la tierra, la naturaleza, son cosas
que no se apartan de mi y me acompañan a dondequiera que vaya",
refiere el artista. "Cuando triunfó la Revolución, nosotros vivíamos
en el Caney de Las Mercedes, en la Sierra Maestra, y así fue como
empecé a estudiar en la escuela Camilo Cienfuegos. Allí había un
taller de pintura. Un día pasé por curiosidad, me gustó y me quedé
modelando cerámicas. También hacía grabados y pintaba. Curiosamente,
me he mantenido todo el tiempo realizando estas tres cosas que amo
profundamente."
Oficio, Expresión, Búsquedas
Nelson
Domínguez siempre entendió que en arte es importante no aferrarse
a una sola línea, sino tratar de buscar la forma en que las técnicas,
se interrelacionan
unas con otras, para formar una especie de unidad que haga la obra
del creador más orgánica. Los años suman al talento del artista
como la lluvia beneficia a las cosechas. Con el tiempo, Nelson Domínguez
ha conquistado maestría en el oficio. Al hacer un análisis de su
trabajo, se puede decir -atendiendo a su morfología-, que él ha
transitado la figuración poética, el neoexpresionismo, pero siempre
poniendo un acento en esa textura visual. "Creo que mis andanzas
por el mundo del grabado en madera y linóleo despertaron el deseo
de la textura y el relieve, lo que, naturalmente, me llevó a la
fabricación de papeles triturados, en los que existe una superficie
idónea para mis propósitos creativos." Después de aquellos primeros
temas campesinos, Nelson abordó la serie sobre el trabajo de la
juventud (Los rostros de mi Isla). El propio trabajo de experimentación,
la búsqueda de nuevos procedimientos técnicos para representar sus
ideas, lo obligaron a profundizar en el contenido de su quehacer
plástico. Y comenzaron a aparecer trabajos con temas más generales
que fueron haciéndose tan complejos como su experiencia en la vida.
Llegaron, entre otras, una incursión a Los micromundos, las series
Simbólicas (sobre las Hormigas). Interior de la manigua. El reino
de este mundo, concentrado en el personaje de Makandal, donde emergen
sentimientos como la muerte, la magia de la religión, la violencia
del sexo, Animalario, Ofrendas afrocubanas, Conversaciones... La
constante labor en el taller, la temprana divulgación de sus obras
y esa perenne inconformidad expresiva le permitieron ascender por
rápidas etapas, y a través de una dirección consecuente, hasta llegar
a la óptica fuerte de la actualidad.
Vocabulario de metáforas
Cada imagen -sea en cerámica, pintura o grabado-, con figuraciones
suyas de momentos anteriores implícitas, se refleja con un sentido
donde se funden la abstracción matérica y la gestualidad gráfica.
Su poética, vista de conjunto, emerge del mismo contacto sensorial
con materiales que inventa -como el uso de polvo negro de caucho
en una base de cola acrílica- o con aquellos habituales que utiliza
de otra manera.
En lucha abierta contra el reloj -para vencer el tiempo-, el artista
no desperdicia ni el mínimo halo de inspiración. Por la ruta tridimensional
ha encaminado también sus fuerzas. Esa que hace años iba apareciendo
primero en las ricas texturas de grabados y dibujos Ahora incursiona
en la escultura y la terracota, porque "he ido entendiendo más la
tridimensionalidad"...Hacia 1993 aparecieron sus esculturas en cristal
de murano, en una muestra habanera titulada "Una visión antológica".
Esta es una labor que había comenzado antes en el taller El Faro
(Venecia). Un trabajo ligado a los hornos, casi mágico, porque se
trabaja con la masa de cristal al rojo vivo. Una técnica sencilla
-según el artista- porque se confecciona cada plano, se incluyen
los elementos y se cierra. Se puede ver por los dos lados. Son como
transparencias donde resalta el dibujo. La experiencia de la cerámica
ha enriquecido sus piezas.
El universo pictórico
El
mundo pictórico de Nelson Domínguez es original y engendra su propio
universo. Muchas de estas piezas están a la vista de todos en la
Galería-Estudio Los Oficios (calle Oficios 16 entre Teniente Rey
y Amargura) del artista. Una antigua casa, cuyo trabajo de restauración
y adaptación a las exigencias de sus nuevas funciones corrió a cargo
de la Oficina del Historiador de Ia Ciudad. Allí, en sus salas de
exhibición, y con carácter permanente el público puede dialogar
con él y con su obra.
Su obra es figurativa, aunque por momentos adquiere tintes de abstracción,
todo ello marcado con una sabiduría del color y ese juego sagaz
del dibujo que se desliza armoniosamente desde la evocación elemental
de los objetos-figuras, hasta una pura y libre ondulación. En 1993
el artista dejó profundas huellas en Japón Galería Promoarte
de Tokio, donde presentó y vendió con mucho éxito un inmenso conjunto
de pinturas de pequeño y gran formatos que desandan el universo
de los cultos afrocubanos. Estas piezas forman parte de su denominada
etapa negra. Muchas aventuras esperan por Nelson, quien sigue pintando
con la misma pasión del primer día, sabe que dejó atrás muchos
kilómetros recorridos, y trabaja en el estudio como un artesano
y un mago. De espaldas a cualquier receta para domesticar la fantasía.
Cortesía de la Revista Habanera
Conozca más de la vida y obra de este
artista.
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