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José
Marti en la obra pictórica de Ernesto Rancaño.
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La
figura del Héroe Nacional cubano, José
Martí, ha sido recreada una y otra vez por los artistas
de la Isla. Cada época ha dejado su versión de "nuestro
hombre mejor" y en el lienzo han quedado, desde las imágenes
más clásicas y realistas, hasta la visión múltiple,
contemporánea, "nada adocenada ni conservadora",
que nos dejaron una treintena de pintores en la muestra Yo soy
un pintor gigante, inaugurada con motivo del 150 aniversario
de su natalicio en el 2003.
Ernesto
Rancaño..es... de esos artistas que en más de una
ocasión han hecho del imaginario martiano razón y motivo
de sus cuadros.
La izada, pintura emblemática del llamado movimiento
postmedieval, el acrílico en madera Susurro de poetas,
que integrara la exposición cubana en la Capilla del Hombre,
y una imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, donde Martí
aparece como los tres Juanes de la leyenda de la Bahía de Nipe,
son algunas de las obras que ha creado Rancaño (La Habana,
1968) sobre el Héroe Nacional cubano.s
"Regreso continuamente a la imagen de Martí, porque creo
que es de las existencias históricas de este país que
me hacen sentir muy orgulloso de ser cubano. Es un ser noble que dejó
mucho para nuestra identidad como nación. Además, es
una imagen con la cual todo el mundo se sensibiliza por su obra".
De luces y soledades, la última entrega del joven
y talentoso pintor sobre el tema martiano, se basa en el verso de
Martí "Todo el que lleva luz, se queda solo", del
conocido poema Yugo y Estrella.
"Es como un tránsito hacia donde yo quisiera ir. Para
mí, es la iluminación no solo de la figura; también
tiene que ver con la luz de nuestra Isla. Más que un retrato
del Maestro es un esbozo de Cuba", agregó.
Rancaño coincide en que su nueva creación refleja más
que ninguna a un Martí a medio camino entre la inocencia y
la picardía. "En general, casi todo lo que pinto es así.
No me lo propongo, sin embargo, mis rostros salen con cara de niño.
La gente me dice que soy un infante con bigotes. Mas, en este caso
específico, creo que Martí sí se corresponde
deliberadamente con esa intención, pues para mí era
como un niño, por su infinita sensibilidad. A pesar de hacerse
mayor y haber adquirido responsabilidades, no perdió nunca
la ternura por las pequeñas cosas. La picardía se nota,
sobre todo, en los ojos. Aunque no se vea, porque son detalles, en
ellos está escrito Cuba va".
Tomado del trabajo Entre el orgullo y la permanencia, de Daynet
Rodríguez Sotomayor. Publicado en el Periódico
Juventud Rebelde mayo/19/2004.
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