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Alexis
Leyva Machado, Kcho: Solo aprendí la lección.
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Tomado
de la entrevista realizada por el periodista Mario Jorge Muñoz
a Alexis Leyva Machado Kcho.
....Con veinte años, el muchachote tenía más
apariencia de un jugador de baloncesto que de artista plástico......Kcho
.....tuvo la suerte de llegar al mundo con una musa por madre. Martha,
la promotora cultural, dispuesta a brindarle una mano a toda la gente
buena de la Isla,(Isla de la Juventud).. se encargó durante
años de ir modelando a su hijo. Sin embargo, no imaginaba que
el niño grande, siempre risueño, con quien escuchaba
en las noches las inolvidables voces de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong,
llegaría a convertirse en ese artista de hoy, cuya obra comparte
espacios con Wifredo Lam en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.....en
el 95 ...su Gran Premio de la Bienal de Kwang-Ju, de Corea del Sur,
y con el Premio del Fondo de Naciones Unidas para la Educación,
la Ciencia y la Cultura (UNESCO) para la Promoción de las Artes.......
la invitación en el 99 para trabajar en el reconocido Atelier
Calder, en Francia.
.-¿Quién es Kcho?-
En estos tiempos que son para mí de autorreafirmación,
de revisión de muchas cosas, te digo que soy y seguiré
siendo el hijo de Martha. Eso es Kcho, nada más que eso. Me
parió, pasó mucho trabajo para criarme, somos varios
hermanos. Murió hace ocho años. Y siempre he tratado
de luchar para que viera que su batalla, tanto esfuerzo no fue en
vano. Lo más importante de mi carrera, de todo lo que he hecho,
es haber logrado poner en alto, honrar el nombre de mi madre.
La primera clase de dibujo que me cambió la vida me la dio
mi mamá cuando tenía 13 años. Así que
yo dibujo hoy gracias a esa clase. Aquel día le tuve miedo
al acto de crear, pero me gustó. Mi mamá me cogió
la mano, me hizo lo que yo quería dibujar, e inmediatamente
lo rompió. Y me dijo: ahora hazlo tú. La influencia
de mi familia ha sido total. Cada cosa que define mi trabajo tiene
que ver con mi casa. Y es que en ella se respiraba arte. Para una
de las cosas que me sirvió la escuela fue para darme cuenta
que mi entorno familiar era único. La escuela me ayudó
a mirar más a mi casa.
-¿Por qué prefieres trabajar con materiales de desecho?-
Me gusta trabajar con los materiales usados por la energía
concentrada que emana de ellos, tienen mucha luz. Yo no trabajo con
desechos, sino con vida pasada. Ha sido fundamental en mi obra. Esos
materiales tienen una historia anterior. Mis piezas se concentran
en esa energía, que además le da participación
al otro.
-¿Por dónde comienzan tus obras?-
Regularmente por el título. Ya tienen nombre antes de existir.
Siempre la primera motivación es una idea. Puede ser una palabra
o una oración. Todo parte de ahí
-Gran parte de tu trabajo lo conforman instalaciones,
sin embargo, le dedicas mucho tiempo al dibujo. ¿Por qué?-
El dibujo me gusta por su intensidad. Es como la poesía. Es
el pensamiento, es la idea clara y precisa, sin tanto recorrido. Es
la esencia
-¿Tienes lugares de preferencia para
la creación?-
Todos los lugares me sirven. Es una necesidad demasiado fuerte. Nunca
he tenido un estudio en Cuba. Y eso fue un gran aprendizaje. Porque
siempre estoy creando, y lo hago en cualquier lugar. En mi cabeza
convierto un pequeño papel en estudio. Me adapté, puedo
hacer una instalación para una sala de un museo con cientos
de metros cuadrados en una servilleta. Todo en la cabeza cabe. En
ese sentido, tal carencia me hizo fuerte.
-¿Por qué la temática
de las migraciones es una constante en tu obra?-
En
el mundo contemporáneo los temas se han disuelto. Y más
bien lo que uno ve son problemáticas. La vida moderna, por
ejemplo, la rodean fenómenos tan disímiles que no puedes
clasificarla dentro de una temática única. Entonces
cada obra es un mundo diferente, es portadora, además, de una
idea diferente.
El mundo está hecho de migraciones. Del sur al norte, sobre
todo, la gente viaja tratando de mejorar sus condiciones de vida.
Los grandes movimientos humanos son cada vez mayores. Y sean cuales
sean las razones de esos desplazamientos, siempre hay alguien cercano
que es parte de eso. Por ejemplo, cualquier familia cubana tiene a
alguno de sus miembros lejos o que se ha lanzado al mar, tratando
de llegar a Estados Unidos.
Eso lo tenemos cerca en la casa, en el barrio, en la escuela... es
parte de la vida diaria. Y el cubano es muy familiar. Toda la felicidad
y la tristeza de su gente le es cercana. Y esas personas que se separan
no desaparecen. No pueden ser obviadas. Porque marcan la vida, también
marcan la historia. Me gusta tener la posibilidad de dedicarle un
espacio a esa gente, a esa problemática tan universal. Es mi
manera de aportar un poco de luz en algunas partes de esa historia
que hay que respetar. Porque ninguna sociedad justa puede olvidar
a alguien.
-¿Y tocar ese tema, tan sensible para los cubanos, no te ha
traído problemas?
Mi obra ha sido atacada por consideraciones horribles, superficiales,
demasiado banales. Algunos la han aprovechado para hacer especulaciones
políticas. Y la mayoría de estas opiniones -no puedo
llamarle análisis ni reflexiones, porque no son serias- son
de cubanos que no viven en nuestro país. Gente oscura, que
enseguida te preguntan si eres cubano de aquí o de allá.
No entienden que se es cubano de un solo lado. Con todo eso choco
bastante cuando estoy fuera de la Isla. Cuando hice "La Regata",
mucha gente me tildó de contrarrevolucionario, apátrida,
antisocial... y yo solamente había hecho una obra. No era más
que eso.
Nunca le he pedido permiso a nadie para crear. Y por eso he hecho
una pila de obras sobre las cuales la gente ha dicho que debo ser
o gusano o agente de la Seguridad del Estado. Sin embargo, la crítica
y el público extranjero enfrentan mi trabajo con otros ojos.
Y es que el tema de las migraciones, de los constantes flujos de personas
buscando trabajo y formas de vivir mejor es preocupación en
todo el mundo. Pero yo no me preocupo mucho por eso. Lo fundamental
es que mi trabajo obligue a la gente a ver las cosas de otra manera,
que sea capaz de provocarte. Y, sobre todo, que me provoque a mí,
que sea capaz de impresionarme.
No soy un depredador de la cultura de mi país. Soy parte de
su vida. Siempre estaré para lo que haga falta. Cuando no suceda
así, mi arte dejará de tener sentido.
-¿El mar es otra de tus obsesiones?
Nunca he entendido por qué en Cuba, siendo una isla, el mar
se ve como un peligro cuando debe ser algo tan cercano, tan querido.
Es cierto que a la vez es hermoso y riesgoso, pero todo lo que define
a Cuba llegó por el mar. El descubrimiento, el Granma, la invasión
de Girón... son muchas las cosas vinculadas a la historia de
Cuba que están relacionadas con el mar. Hemos olvidado que
esa es la puerta de nuestra casa. Entonces hay que cuidarlo y vigilarlo.
Es la frontera invisible. Y lo único permanente en Cuba es
que siempre será una isla.
Para mí el mar es algo muy importante. También sé
cuánto significa para todos los cubanos, las historias que
hay en él. Intento con mi trabajo ayudar a pensar, a reflexionar
sobre estos temas. Los artistas movemos ideas, esa es una gran responsabilidad.
Por eso debemos saber bien hacia dónde mirar y cómo
hacerlo.
-¿Por el título de algunas de
tus obras, como "La Jungla" y la serie "Kanaima",
es evidente que la obra de Wifredo Lam ha sido muy importante para
ti?
Hice "Trabajo de clase" en 1983, fue el resultado de un
ejercicio que se hace en todos los niveles de enseñanza en
Plástica. Tienes que seleccionar la obra de un maestro de la
pintura y realizarla de otra manera. Hay que tratar de desentrañar
su técnica. Yo escogí a Wifredo Lam, porque desde hacía
mucho tiempo me había llamado la atención una viñeta
suya que salió publicada en la revista Isla -todavía
la guardo-, que me gustaba mucho. Entonces no tenía la más
mínima idea de cómo Lam había hecho esas cosas,
y lo que hice fue tratar de llevar al papel, de imitar, cómo
yo creía que pintaba. Tenía 13 años. Lo que te
daban entonces para pintar era tempera, acuarela, básicamente.
Tenía óleo porque me lo había dado mi mamá.
Utilicé sobre cartulina aceite linaza para lograr una transparencia.Conocí
a Lam por su obra "Tercer Mundo". La vi en la revista Revolución
y Cultura, que me mantenía informado sobre lo que estaba pasando
en el país. Además, su trabajo le gustaba mucho a mi
mamá y ella me acercó a él. Con el tiempo Lam
se me fue haciendo más cercano, su obra se me aparecía
en todos lados. Sin embargo, en la escuela me lo enseñaron
como uno más entre los pintores cubanos. Y no se valora la
figura que realmente es. A mí Lam y su "Jungla" me
dieron a conocer el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA).
En enero del 96 -ya el museo tenía una obra mía, pero
no la habían expuesto-, cuando tuve la oportunidad de visitarlo,
fui expresamente a ver su obra. Y lo que más me gusta de ese
lugar es que lo estoy acompañando. "La Jungla" (2001)
es el resultado de todo ese conocimiento y admiración por el
trabajo de Lam. En cuanto museo he expuesto, él ya estaba ahí,
había hecho algo. Hace un tiempo, en el Museo de Israel, al
llegar lo primero que hice fue preguntar dónde estaba el Lam
de su colección. Y allí estaba, lo encontré al
otro día. Es lindísimo. "Canaima" es el título
de una serie de telas y papeles pequeños que realizó
Lam cuando vivió en Venezuela, donde existe un parque nacional
con ese nombre. Él pintó un oso, con espinas y colmillos.
El título me llamó la atención como punto de
partida para un grupo de trabajos. Yo les llamo Objetos Peligrosos,
les dejé el nombre de "Kanaima", aunque con K, por
la referencia a Lam. "Los peligros del olvido" (instalación)
también tiene que ver con la mirada del Lam interesado en profundizar
en la cultura de nuestros pueblos. Mientras los grandes maestros de
la pintura europea seguían viendo al resto del mundo con los
ojos del colonialismo, Lam tenía todo ese acervo de mezclas
de culturas como parte de su historia natural, su propia vida. Él
trabajó mucho con las máscaras. A mi mamá le
encantaban.
Hace poco, en Sao Paulo, estuve en contacto con un coleccionista belga
que estaba liquidando su colección de máscaras y se
las compré, son muy buenas. Lo que pretendo es recordarle a
la gente que es imposible olvidar tu cultura, tus raíces. Es
lanzar un llamado de SOS a lo que puede implicar el olvido de lo que
somos, a la importancia del suelo. Es imposible olvidar a Lam, él
abrió las puertas al mundo del arte cubano y las mantuvo abiertas.
Facilitó las cosas al dar a conocer nuestra cultura, el potencial
que tenemos. Fue un gran pintor, uno de los más grandes que
ha dado este continente. Respetado por los grandes, Picasso, Bretón...
Eso ha permitido que nos respeten. Y esa puerta es por la que entré
yo y otros artistas cubanos."La Jungla", la serie "Kanaima",
eran cosas que tenía desde hacía mucho tiempo dándome
vueltas en la cabeza y que quería dedicárselas a Lam,
como una especie de agradecimiento por su indiscutible papel dentro
de la cultura cubana y como divulgador de ella en el mundo. Él
es una luz sobre la Isla.
-Muchas de tus instalaciones, precisamente
por estar realizadas con materiales viejos, pudieran correr el riesgo
de destruirse. ¿No le temes a eso que llaman la imperdurabilidad
de la obra?
Creo que las obras perduran por la idea. No soy Dios. No duraré
mil años. Soy un ser humano común y corriente interesado
en hacer las cosas lo mejor que puede. Si existe verdaderamente un
juicio final, preguntarán si fuiste buena persona, qué
hiciste por tus semejantes en la vida, si aprovechaste tu talento.
Lo más importante es el lugar que lograste ocupar en el corazón
de la gente. El pueblo es quien te pone en el cielo o en el infierno.-
-¿Qué haces con tu tiempo libre?
Cuando no estoy creando me dedico a enamorarme de todo. Consagro mucho
tiempo a mis amigos, a la gente que quiero y que me quiere. Eso también
es crear. Y crear es amar. También me encanta la pesca, el
cine y la música, sobre todo el jazz.
-Has logrado triunfar en un mundo muy competitivo
y regido también por las leyes del mercado. ¿A qué
se debe tanto éxito?
No escondo secretos: soy hijo de un pueblo exitoso. Este país
es genial por sus hijos. No es de ahora, sino de siempre. Por eso
ha sido protagonista de muchas cosas bellas. Todavía le quedan
muchas por hacer. Por ejemplo, Cuba está llena de bondad. Y
eso es endémico de este país, porque la bondad anda
perdida en este mundo. Y todo eso no lo inventé yo. Sólo
aprendí la lección.
Tomado del Caimán
Barbudo
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