El
internacionalmente conocido restaurante cubano Floridita, siempre
ha tenido un cliente fijo, quien a partir de ahora permanece recostado
a la barra, con sus habituales sandalias, presto a la lectura, frente
a su trago preferido, el daiquirí.
La escultura de bronce, situada en el justo lugar que tenía
reservado cada día en el bar, brinda la originalidad poco
frecuente de poder ubicar a una histórica personalidad en
el exacto escenario de su preferencia, donde el afamado escritor
norteamericano deleitaba el exquisito coctel que le preparaba el
cantinero Constantino Rivalavuelta, ya fallecido.
A tamaño natural, los artistas cubanos José Villa
y Rafael Gómez, fueron reconstruyendo la imagen de Ernest
Hemingway durante unos siete meses de trabajo, apoyados en la maestría
de otros dos fundidores, que moldearon entre 250 y 300 kilogramos
de mineral.
Villa, quien es el creador de otras esculturas emplazadas en varios
sitios de la capital cubana, como la de John Lennon, en la céntrica
barriada del Vedado, y la del Caballero de París, en La Habana
Vieja, precisa que no se trata de una réplica fotográfica,
sino de reproducir la imagen del hombre que todos recuerdan en el
Floridita, y que el propio colectivo de trabajadores deseaba que
allí estuviera para siempre.
Desde
ahora, la esquina de la barra que con fotografías y textos
mantiene viva la presencia del autor de El Viejo y el Mar y Por
quién doblan las campanas, también tiene a su cliente
de pie, frente un libro abierto que acompaña un par de espejuelos
, y presto a deleitar el sabroso daiquirí que con todo amor
le preparan los actuales cantineros del Floridita cada día.
Tomado de Trabajadores
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