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Elogio
de Adigio Benítez
Por Roberto Fabelo
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Quiero,
en nombre de todos los integrantes de varias promociones y generaciones
de artistas, más que elogiarte, agradecerte tu verdad.
Una verdad entera edificada en una elevada y sostenida pulcritud artística
y moral, con un magisterio desde la humildad, sin altisonancias, sin
complacencias; un hacedor paciente y de vida arriesgada: el riesgo
aquel, el del pellejo en tiempos difíciles, y el otro, el de
la inconformidad, y el renuevo creador en una ya dilatada existencia
que te otorga la condición de jugador de extrainning que pudiéramos
todos envidiar.
Vida y obra soldadas en una aleación única y consecuente.
Hace más de 30 años -cuando adolescente asistía
a tus clases en la Escuela Nacional de Arte-, por tu hablar pausado
y quedo, tenía yo la impresión de estar ante un hombre
agotado.
Era la percepción equivocada de un joven que tenía mucho
que aprender y ese hombre para mí, aparentemente fatigado,
me ha dado una lección de sabiduría y de energía
creadora y vital
Siento orgullo por haber vivido el mismo tiempo y haber aprendido
esa lección de tu ejemplo.
Cortaste la caña, soldaste el hierro, doblaste el papel y lo
llenaste de vida, y parece que estás venciendo al implacable
Por ello, creo firmemente que se te honra con justeza por esa obra
que nos estás legando, por esa vida dedicada al arte y a su
anhelo superior: la Belleza
Permíteme que te devuelva en este dibujo un pedazo de lo que
sembraste en mí.
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